Por Jesús Ramos
En la política mexicana chapulinear es un deporte, los políticos saltan donde hay sol, presupuesto y reflectores, cambian de camiseta con la facilidad con la que un tahúr cambia de cartas cuando se le acaba la suerte.
Araceli Celestino ya fue a dar a los brazos de un partido distinto al suyo. La petista se vistió de rosa, rosa Fuerza por México, rosa sospecha, rosa traición, rosa conveniencia electoral, rosa de Guadalupe.
No acudió a una misa ni reunión ciudadana, fue a la inauguración de la casa rosa de Fuerza por México en Tehuacán invitada por Luisa Creps, donde la estrella principal no fue ni ella ni Creps sino la actriz Aylín Mujica, contratada para alegrar la pupila de los caballeros.
Ahí estuvo Araceli Celestino, sonriente, cómoda, sin sentir feo por portar colores ajenos, levantando los brazos a su nuevo partido, sin embargo, todavía no se atreve a hacerlo oficial porque en política la traición primero se niega, luego se justifica.
Los reporteros de Tehuacán hicieron la pregunta obligada, si dejaría al Partido del Trabajo para competir por la alcaldía cobijada por Fuerza por México, y la diputada calló.
Pero en política el silencio rara vez significa prudencia porque en realidad es cálculo, y el que calla otorga. Araceli Celestino ya fue alcaldesa de Coyomeapan, diputada federal y hoy es diputada local gracias al PT y a la ola obradorista que convirtió a cientos de desconocidos como ella en figuras electorales.
Araceli entendió que dentro de la 4T las candidaturas no alcanzan para todos y que en Tehuacán las disputas internas se parecen más a una pelea de mercado que a un ejercicio democrático.
Entonces aparece la vieja tentación mexicana, cambiar de siglas para seguir viva, total, las ideologías en este país duran menos que un discurso de campaña, hoy se es de izquierda revolucionaria, mañana humanista, pasado mañana progresista rosa pastel.
El chapulineo dejó de ser vergüenza desde hace años, hoy hasta parece requisito curricular, el político que no cambia de partido parece novato, inexperto o poco ambicioso, Araceli no será la primera ni tampoco la última. @analisistv











