Las piernitas y los pendientes de la Selección Mexicana

Por J. Carlos Clemente

La Ciudad de México amaneció sitiada.

Kilómetros de cercos de seguridad, estaciones cerradas, desvíos viales y miles de personas intentando abrirse paso hacia Santa Úrsula. Mientras en distintos puntos de la capital un sindicato sin escrúpulos mantenía bloqueos, madres buscadoras continuaban exigiendo justicia para sus hijos desaparecidos, los “influencers” con sus historias entrando al estadio, el país dirigía su atención hacia el mismo lugar.

Porque así funciona el futbol.

La inauguración de un Mundial es, probablemente, el acontecimiento más importante de las cosas menos importantes.

Y México cumplió con la obligación más inmediata: ganar.

Los libros de historia registrarán tres puntos en el debut mundialista, lo que no dirán las estadísticas es que el resultado dejó más preguntas de las que debería haber dejado.

Durante largos lapsos, la Selección Mexicana fue superior a Sudáfrica. Generó opciones, controló sectores importantes del partido y encontró ventajas numéricas que en un Mundial suelen ser oro puro. Sin embargo, cuando tuvo la posibilidad de liquidar el encuentro, decidió administrarlo. Cuando pudo ampliar la diferencia, se conformó con protegerla.

Y ahí aparece el primer pendiente.

Los equipos que aspiran a trascender aprovechan la superioridad. México, por momentos, pareció temerle.

Con diez rivales enfrente, el partido pedía ambición. Con nueve, pedía contundencia. En cambio, el equipo retrocedió metros, dejó de presionar y permitió que un encuentro aparentemente resuelto terminara generando cierta inquietud.

Quizá Javier Aguirre resumió mejor que nadie lo ocurrido cuando reconoció que a algunos jugadores les «temblaron las piernitas».

La frase puede parecer dura, pero también es profundamente humana.

No es lo mismo disputar un amistoso que inaugurar un Mundial en casa, frente a millones de espectadores y con la responsabilidad histórica de no fallar. Algunos futbolistas estuvieron a la altura de la circunstancia; otros necesitarán demostrarlo en los próximos partidos.

Entre quienes sí respondieron aparece Erik Lira. Durante mucho tiempo fue visto como una alternativa o una solución temporal. Hoy parece un titular legítimo. Su actuación fue seria, ordenada y madura en un escenario que suele consumir a jugadores con más experiencia.

También merece reconocimiento Roberto Alvarado. El «Piojo» aportó trabajo, sacrificio y criterio cuando el partido exigía inteligencia más que espectacularidad. No siempre aparece en los encabezados, pero suele estar donde el equipo lo necesita.

Y si hablamos de reivindicaciones, la de Raúl Jiménez merece un capítulo aparte. Después de años de cuestionamientos, lesiones y dudas, volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los delanteros más confiables que ha tenido México en la última década. Hay futbolistas que terminan encontrando justicia en los momentos importantes.

Mención especial para Julián Quiñones.

A estas alturas ya no debería sorprendernos. Respondió cuando Atlas construyó su histórico bicampeonato. Respondió cuando América necesitó protagonismo en los momentos decisivos. Responde actualmente como líder goleador en Arabia Saudita. Y volvió a responder cuando la Selección Mexicana requirió personalidad.

Hay jugadores que entienden la presión. Quiñones parece disfrutarla.

Sin embargo, el triunfo dejó una preocupación concreta para el cuerpo técnico: la defensa.

La expulsión del central titular Montes, obliga a replantear la alineación para enfrentar a Corea, un rival que dejó buenas sensaciones por su orden, disciplina táctica y fortaleza física. No será un partido sencillo. De hecho, podría convertirse en el encuentro más incómodo de toda la fase de grupos.

Una opción interesante sería retrasar a Edson Álvarez a la central. Aunque no ha tenido toda la continuidad deseada en su club, cada vez que ha sido requerido ha respondido con jerarquía. Su liderazgo, lectura del juego y personalidad parecen ideales para una posición que exigirá concentración absoluta.

La desventaja es evidente. Sacar a Edson del mediocampo obliga a redistribuir esfuerzos en una zona fundamental para neutralizar la intensidad coreana. Ahí podría aparecer Luis Romo, permitiendo que Lira no tenga que cargar durante noventa minutos con toda la responsabilidad de recuperación y equilibrio.

Aguirre tendrá trabajo durante los próximos días.

Porque el resultado fue bueno.

El funcionamiento, no tanto.

Y los Mundiales suelen ser generosos con los errores cuando llegan acompañados de una victoria. Lo que rara vez perdonan es la incapacidad para corregirlos.

México tiene margen de mejora, tiempo para ajustar y futbolistas para elevar el nivel mostrado en el debut.

La misión ahora es clara: derrotar a Corea, asegurar la clasificación anticipada y llegar al duelo frente a Chequia disputando el primer lugar del grupo, no la supervivencia.

Los tres puntos ya están en la bolsa.

Las certezas, en cambio, siguen siendo una asignatura pendiente. @analisistv

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