Por Carlos Clemente
Durante años, Puebla fue un estado de paso para el crimen organizado. Hoy esa explicación resulta insuficiente. Los hechos cuentan una historia distinta: el estado también se ha convertido en un territorio de producción de drogas sintéticas.
La cifra es contundente. En apenas 18 meses fueron desmantelados cinco narcolaboratorios. Dicho de otra manera: cada tres meses y medio las autoridades localizan un centro clandestino de fabricación de drogas. No se trata de hechos aislados ni de descubrimientos fortuitos. Es un patrón que evidencia una estructura criminal con capacidad para instalarse, operar y crecer.
Los aseguramientos comenzaron en 2025 con laboratorios ubicados en Ixtacamaxtitlán, la capital poblana y Acajete. En mayo de este año apareció otro más en Chila de la Sal, dedicado a la producción de metanfetamina. Apenas un mes después, el hallazgo en Jopala confirmó la dimensión del problema.
Ese laboratorio no era una instalación improvisada. De acuerdo con las investigaciones oficiales, era el más grande detectado hasta ahora, con capacidad para abastecer los mercados ilícitos de Puebla y Veracruz y generar una producción valuada en aproximadamente 2 mil 400 millones de pesos.
Una operación de ese tamaño difícilmente pasa inadvertida. Requiere infraestructura, logística, suministro constante de precursores químicos, transporte, vigilancia y una red de protección.
Pensar que una organización así pudo instalarse sin que nadie advirtiera su existencia resulta, por decir lo menos, ingenuo.
No es casualidad que, derivado de las investigaciones, seis directores de Seguridad Pública municipales hayan sido detenidos por presuntos delitos de encubrimiento y abuso de autoridad relacionados con grupos criminales. Los casos alcanzan municipios de la Sierra Norte como Jopala, Tlaola y Tlapacoya, y de la Mixteca, como Chietla, Tehuitzingo y Chila de la Sal.
El propio secretario de Seguridad Pública, Francisco Sánchez González, reconoció que también se investigan posibles omisiones de autoridades municipales. Es una línea de investigación que no debería agotarse.
Mientras tanto, el narcomenudeo continúa creciendo y golpeando especialmente a adolescentes y jóvenes, el eslabón más vulnerable de una cadena criminal que ya no sólo distribuye droga en Puebla: también la fabrica.
¿Cuántos narcolaboratorios siguen operando y cuántas complicidades lo permiten? Éstos no aparecen de la noche a la mañana. Crecen donde las autoridades de distintos niveles deciden callar o donde alguien cobra por voltear hacia otro lado. @analisistv












Un comentario
Lo más lamentable es que siempre se solapó al narco y dejaron que esto creciera, al tal grado que los municipios y el mismo gobierno estatal este infiltrado por las malandros