Por Jesús Ramos
Olga Lucía Romero Garci-Crespo camina en Tehuacán cargando no una candidatura, sino una nube tóxica con olor a pleito familiar, herencia, codicia y ambición mal disimulada que la población percibe con asco.
En política como en la vida, hay pecados veniales y luego está el espectáculo público de disputa de millones de dólares que trasciende más allá de lo privado, en concreto, el conflicto entre buitres por la herencia de doña Socorrito Romero.
Y en una plaza como la de Tehuacán, donde la memoria es corta, pero el chisme es eterno, eso basta para enterrar cualquier aspiración política antes de que siquiera sea levantado el polvo de la campaña del 2027.
A Olga Lucía no la juzga el tehucanense por su discurso, influencia ni por su estructura política, la juzga por la narrativa que ella misma construyó sobre la ambición por el dinero, adjetivo amable que se secunda de otros de mayor picardía.
En la narrativa casual está lo ambiciosa que fue y su capacidad de perjudicar a su propia familia llevándolos a la cárcel, y cuando un aspirante a un cargo carga con ese mote, no hay encuesta que lo salve ni operador que lo maquille.
Lo interesante, sin embargo, no es el desprestigió en que cayó de súbito, sino lo que se hace en la política cuando esas cosas suceden, ahí es donde aparece Rosario Orozco de Barbosa. Si Olga Lucía era su plan A, ya se le tachó.
La viuda observa, mide y, se dice en Tehuacán, comienza a considerar seriamente bajarla de la contienda por Morena para pelear ella misma la candidatura a alcaldesa.
En ese pequeño universo de complicidades y conveniencias reciclables del barbosismo, Verónica Vélez juega el papel de comunicadora estrella para el grupo, donde sin importar quién gane, “Monina”, doña Charito o Alfredo Chávez Olivier, su lugar estaría garantizado en comunicación o asesoría.
Tehuacán se ha convertido en un tablero con candidaturas construidas de poderíos trasnochados, donde la moral pública es menos relevante que la percepción privada, al final, el votante no castigará el ímpetu de Olga Lucía, sino la ambición desproporcionada y sin límites.
Olga Lucía se desplomó en Tehuacán, si algo le crecieron fueron sus negativos y mala reputación, no entendió que en política la forma de obtener riqueza importa tanto como la riqueza bien o mal habida. @analisistv











