Fuera de campaña todo se vale, menos no leer la ley electoral

Por Jesús Ramos

La política poblana parece un teatro de sombras donde los indignados gritan ilegalidades con la misma soltura con que ignoran la ley. Y entonces aparece el desfile del 5 de Mayo con batallones, bandas de guerra, carros alegóricos, confeti y personas repartiendo propaganda de Laura Artemisa.

La comentocracia entra en pánico, se escandaliza, rasgan sus vestiduras, gritan justicia, pero olvidan lo esencial, leer y acercarse a los que saben. Expertos en derecho electoral coinciden en algo que a muchos les arruina el coraje, no hay delito que perseguir.

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales tiene una laguna del tamaño de un desfile completo, y por ahí caben todos los aspirantes que se animen a repartir volantes como dulces de feria, porque la ley claro que puede sancionar, peeero desde el momento que inicien los procesos electorales.

Hoy no estamos en ese tiempo, ni federal ni local, y eso cambia todo, mientras no haya un llamado explícito al voto o un ataque directo a adversarios, lo demás es simple exhibicionismo político y corajes escritos en redes sociales.

Los críticos que ven delitos harían bien en abrir el apartado de precampañas de la ley electoral, ahí está la respuesta, fuera de los tiempos legales no hay acto anticipado que valga. Pero leer exige disciplina y razones, fundamentos, y la indignación y crítica suele ser más cómoda que investigar.

La paradoja es deliciosa, mientras unos se inmolan por una promoción inofensiva, los verdaderos jugadores ya entendieron el juego, se promueven, se posicionan, aumentan sus niveles de conocimiento sin culpa, sin consecuencias.

¿Y la oposición? Pues agachada, escondida, invisible, no porque la ley se lo prohíba, sino porque la torpeza los gobierna, decidieron no existir mientras sus adversarios ocupan cada rendija de atención, luego vendrán los lamentos y el hacerse las víctimas que, además, les sienta de maravilla.

Ojalá la ley castigara la estupidez. Conviene recordar que el proceso electoral federal inicia en septiembre y el local en noviembre, ahí sí, a partir de entonces la promoción se sanciona porque ya está regulada, antes de eso todo es campo abierto para todos sin distingo.

Así es que no hubo delito en el desfile, hubo propaganda, hubo estrategia y hubo, sobre todo, una exhibición de ignorancia disfrazada de denuncia con furia exacerbada. El problema en este país no es que la ley sea ambigua, el problema es que los críticos leen poco y se enojan fácil. @analisistv

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *