Por Carlos Clemente
El robo de gas LP no sólo representa pérdidas millonarias para el Estado; también mantiene a miles de poblanos viviendo sobre un riesgo permanente que, en cualquier momento, puede convertirse en tragedia.
Las cifras confirman que el problema está lejos de resolverse. Durante el primer trimestre de 2026, Puebla se colocó como el estado con más tomas clandestinas de gas LP del país.
El incremento fue de 35 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Traducido a la realidad: prácticamente cada 14 horas alguien perforó un ducto en territorio poblano.
No es casualidad que Tepeaca encabece la lista estatal. Tampoco que el gobierno haya decidido catalogarlo como «foco rojo», relevar al director de Seguridad Pública y remover mandos medios de la policía municipal.
El problema -se entiende- dejó de ser un asunto policiaco y se convirtió en un desafío institucional.
El corredor formado por Tepeaca, San Martín Texmelucan, Santa Rita Tlahuapan y Acatzingo concentra buena parte de una actividad criminal que ha evolucionado.
Ya no basta con perforar ductos. Ahora se modifican camiones de carga y vehículos tipo Torton para ocultar enormes contenedores, las llamadas «salchichas», con las que buscan burlar retenes y transportar combustible convertido en una auténtica bomba sobre ruedas.
La gravedad no es una exageración. En Tepeaca el pasado 4 de junio explotaron en un lote dos unidades utilizadas para transportar huachigas. Afortunadamente no hubo víctimas, pero sí daños materiales. Apostar a que la próxima vez ocurrirá lo mismo sería una irresponsabilidad.
El aseguramiento este martes de un autotanque artesanal y equipo para extraer gas en Santa Rita Tlahuapan confirma que las organizaciones criminales mantienen capacidad de operación, infraestructura y logística.
Lo preocupante es que, una vez más, no hubo detenidos. Se decomisan vehículos, pero los responsables curiosamente desaparecen.
El huachigas dejó de ser hace mucho un delito clandestino. Es una economía criminal profundamente arraigada entre la población en varias regiones del estado, alimentada por la corrupción y la complicidad.
La limpia en Tepeaca puede ser un primer paso. Pero si no va acompañada de inteligencia, investigación financiera, sanciones ejemplares y un combate real a las redes de protección institucional, el relevo de mandos terminará siendo apenas un cambio de nombres en una estructura que el crimen ya aprendió a infiltrar. @analisistv












Un comentario
Hasta que les pase una desgracia van a entender lo peligroso que es estar ordeñando los ductos desgracia gas y gasolina.