Por Jesús Ramos
La dirigente estatal del Partido del Trabajo, Liz Sánchez, anunció que medirán a sus cuadros para seleccionar a los mejores perfiles y ponerlos a competir por diputaciones y alcaldías en 2027.
¿Y cómo los van a medir? ¿Cuántos tienen para medir? A juzgar por la dimensión de su militancia y clase política necesitarán más lupa que una firma encuestadora.
¿A quién quiere engañar el PT por Dios? ¿A Morena, al Partido Verde o a sí mismo? Veamos. La primera línea petista se reduce a un pequeño puñado de nombres, Liz, Nora Merino y Toño López. Párele de contar.
Después de ellos el inventario se vuelve tan escuálido que uno termina preguntándose si la selección de candidatos podría realizarse con grupos de enfoque o reunión de vecinos.
Hace unos días organizaron un evento proselitista en un salón pequeño de la plaza comercial La Explanada y ni siquiera consiguieron llenarlo. Hay que aclarar que no fue una medición científica de su fuerza electoral, pero si responde la capacidad de su convocatoria.
Liz habló de perfiles y selección de los mejores. Sonó institucional. El problema es que su realidad es otra. Cuentan con una estructura muy reducida y una presencia estatal limitada.
A escala nacional, el petismo tampoco puede ignorar su tamaño. Si su intención de voto, de acuerdo a encuestadoras nacionales, ronda el 1 por ciento sus necesidades electorales son de alianza.
Aliado ha logrado alcaldías y diputaciones, pero la comodidad de coaligarse le acostumbró a recibir poder municipal y distrital sin trabajar territorio ni despeinarse. La política no se acredita con declaraciones como las de Liz Sánchez, se demuestra con fuerza propia y cuadros.
Queda la ironía de imaginar a las encuestadoras recorriendo Puebla para encontrar a los mejores perfiles que refiere Liz, cuando puede encontrarlos en una pequeña mesa de café.











