Por Jesús Ramos
El gobernador no levantó la voz, levantó la ceja. Y en política, cuando el ceño se arquea con precisión quirúrgica e ironía, el mensaje suele ser más demoledor que un discurso incendiario.
Alejandro Armenta señaló cuatro municipios: Ciudad Serdán, Quecholac, Tecamachalco y Esperanza. Les acusó sin rodeos de estar coludidos con bandas dedicadas al robo de autopartes y, probablemente, aunque no lo puso sobre la mesa también del robo de vehículos con el añadido de las motocicletas.
Un desliz no fue, ni un arrebato, fue una advertencia pública, calculada y con destinatarios múltiples. Simple. Cuando un mandatario cita sólo cuatro municipios en un estado de 217, no está acotando el problema, está delimitando el inicio del mensaje.
El resto no necesitó mencionarlos. Tehuacán, San Martín Texmelucan, San Pedro Cholula, Cuautlancingo, San Andrés Cholula y Amozoc debieron entender perfectamente que el señalamiento también les calza porque en sus demarcaciones el robo de vehículos y motocicletas no es estadística, es rutina. Es negocio. Y en algunos casos es acuerdo tácito entre autoridad y delincuencia.
Armenta no dijo “sé quiénes están coludidos”. Dijo algo más grave, dio a entender que ya sabe, que los pactos existen, que los nombres están identificados, que los mapas criminales están trazados y que el Estado tiene ojos, oídos, memoria y conocimiento, aunque los alcaldes piensen que lo están burlando.
Ese nivel de certeza sólo se obtiene mediante labores de inteligencia. Con seguimiento. Con cruces de información. Con trabajo silencioso. El mensaje entonces no fue para los ciudadanos, que de sobra sabemos quién manda en las calles, sino para las autoridades municipales que aún creen que el cargo es blindaje.
Hay algo más inquietante en el señalamiento. Demuestra que no hay secretos para el gobernador. Que el viejo truco “mi municipio está en paz” ya no funciona. Que los pactos en lo oscurito dejaron de ser invisibles y que la impunidad local ya no es garantía de permanencia política.
Es obvio que Armenta tiene informes. Y cuando un gobernador decide exhibir sólo una parte de lo que sabe lo que demuestra es control, información disponible para lo que pudiera ofrecérsele.
La advertencia quedó hecha. Se entiende. Y quién no, que no se sorprenda cuando la política deje de ser escudo y se convierta en expediente. La gobernanza de la mano del delito es inocultable. @analisistv











