Por Luis Camacho
Campesinos de esta junta auxiliar de Santo Tomás Chautla se han visto obligados a convertirse en los guardianes improvisados de un santuario prehispánico recién descubierto en el ejido “Tecuicuitl”, en los límites con Cuautinchan.
La comunidad denunció que la falta de protección oficial ya cobró sus primeras víctimas, pues al menos dos valiosas piezas prehispánicas fueron extraídas ilegalmente del sitio.
El hallazgo, realizado originalmente por los propios labriegos, comprende una ladera de unos 100 metros cuadrados que resguarda una decena de petroglifos y grabados en roca.
Entre la riqueza iconográfica identificada de manera empírica por los pobladores, destacan símbolos místicos asociados al sol y al fuego, así como representaciones talladas de víboras y conejos que resguardan la memoria histórica de la región.
Sin embargo, el desprotegido punto arqueológico se encuentra atrapado en medio de un violento conflicto legal con una disputa territorial entre distintas facciones que reclaman la propiedad del predio.
Bajo este escenario, los habitantes han documentado el ingreso de maquinaria pesada al terreno, lo que amenaza con destruir los grabados que aún permanecen ocultos bajo la tierra.
Ante el vacío de las autoridades y la falta de una delimitación perimetral formal, el comité ejidal decidió frenar el robo de vestigios con células de vigilancia que recorren la zona a pie.
La comunidad solicitó la intervención del INAH para que intervenga y se realicé una revisión técnica profunda en el paraje «Tecuicuitl» para catalogar formalmente las piezas y asegurar físicamente el perímetro.











