Alcaldes pagaron las comilonas de sus informes con dinero público

Por Jesús Ramos

Los informes municipales dejaron de ser ejercicios de rendición de cuentas para convertirse en banquetes de vanidad. Los alcaldes ya no informan, festejan. Y lo hacen con dinero ajeno, el nuestro.

Aristóteles Campos, edil de Ocoyucan, es ejemplo grotesco de ese descaro que se volvió costumbre. Organizó una comida para 4 mil invitados pagada con finanzas no suyas sino públicas.

Por Ley, los presidentes municipales deben informar una vez por año sobre su gestión. Nada ni nadie les exige música, ni manteles, ni comilonas ni carpas gigantes. Podrían hacerlo en sesión de cabildo o desde el balcón municipal.

Pero no, prefieren el aplauso, el mariachi, la mixiotisa, el mole de guajolote frente a la multitud como si el gasto de la fiesta fuese suyo, entonces, el informe se vuelve mitin disfrazado de transparencia, pagado con el dinero que debió servir para tapar baches, mejorar escuelas o reforzar la seguridad.

La mayoría de los munícipes poblanos aprendió rápido el arte del despilfarro. No hay distinción partidista cuando se trata de gastar lo que no es suyo en los informes. Y aunque las leyes anticorrupción son tan numerosas, ninguna prohíbe el exceso, ego, derroche y vanidad en tales menesteres.

Aristóteles Campos no organizó una comida para agradecer al pueblo, lo hizo para reafirmarse como pequeño monarca de su territorio y de Antorcha Campesina. Lo que en teoría era un informe se volvió ceremonia cortesana con invitados de honor, operadores políticos y gente expectante de semejante saqueo.

 Véalo así, en Ocoyucan y en el municipio donde usted vive, el dinero con que se compró cada plato, pollo, guajolote, chivo, borrego y bebida salió de los mismos bolsillos de los contribuyentes a costa de las calles que se quedaron de tierra pudiendo ser de adoquín, asfalto o concreto.

El vicio es viejo, la desvergüenza también. Nadie llama a la mesura a los alcaldes. Ni la Auditoría ni el Congreso del Estado. A nadie parece escandalizarle que se gasten millones de pesos en fiestas de informes municipales mientras las juntas auxiliares carecen de lo mínimo indispensable.

Quizá algún día los alcaldes recuerden que los informes no son bodas, quince años ni primeras comuniones, tampoco bodas ni aniversarios. Rendir cuentas no significa montar espectáculos, pueden hacerlo de manera sobria con una bocina en pleno zócalo sin despilfarros, ahí les puede ver y oír el pueblo. @analisistv

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