Por Jesús Ramos
Hay reglas en política que sin estar escritas todos los políticos conocen. Una de ellas establece que cada seis años en las 32 comarcas del país se erige un nuevo sheriff.
Cambia el jefazo, cambian las lealtades, se reacomodan los grupos y tribus, pero sobre todo se define quién tiene permiso para hacer política y quién no. El poder se ejerce, se dosifica y se administra.
Aquel que ya fue gobernador se retira a vivir tranquilo para no opacar al mandatario en funciones, Miguel Barbosa definió que aquel que ya bailó debía sentarse, lo dijo por Tony Gali y en efecto lo sentó del otro lado del Río Bravo.
No necesariamente es porque exista una orden escrita, así de simple funciona el poder, por eso mismo el regreso esta vez de Tony Gali no puede leerse desde la narrativa de él y Movimiento Ciudadano. Póngase a pensar, ¿vale la pena sacrificar Tepeyahualco por la capital poblana?
Tony es un gran político, no le regateen, es carismático, buena sangre, cordial, afable y con un poder especial para caer bien, cualidad que en política no sobra.
Por eso resulta poco convincente el argumento suyo y del movimiento naranja de que volvió por querer retribuir a la Puebla de los Ángeles algo de lo mucho bonito que le ha dado.
La expresión es bonita, noble y cariñosa, pero los políticos no regresan a la política para agradecer por su poder agotado, regresan para hacer política y hacerlo significa disputar el poder en primera o segunda persona.
Gali estuvo fuera de los reflectores por largo tiempo, su regreso no debe calcularse como un acto espontáneo de motu proprio, Movimiento Ciudadano no fichó a Tony para rendir homenaje a su trayectoria, lo fichó para cosechar votos y obtener votos significa en nuestro sistema multipartidista obtener poder, disputar el poder.
Hace bien Tony en contar su regreso a su manera con la justificación de Puebla y el enorme amor por esta tierra hermosa, y está en su derecho, pero que ni él ni MC nos digan que su regreso carece de algún propósito.
Disputar el poder no tiene nada de malo, al contrario, sería mucho más honesto admitir que vuelve para una misión, misma que fue autorizada por el sheriff en turno, de otra manera seguiría sentado, recuerde la analogía barbosista.











