Su misión era solucionar el conflicto de Acatlán de Osorio, pero…

Por Jesús Ramos

Si algo hay que reconocerle a Guadalupe Bárcenas es su viveza. Sabe encantar. La mujer podrá cargar sobre los hombros acusaciones de nepotismo, corrupción, opacidad y una larga lista de reproches, pero nadie puede decir que carece de instinto de supervivencia política.

La alcaldesa de Acatlán de Osorio entendió desde hace tiempo que en política no siempre gana quien tiene la razón, sino quien escoge mejor la mesa donde se sirve el trago y la comida sin importar lo alto que resulte la cuenta, porque la factura no es gasto, es inversión.

Desde la capital enviaron una comitiva de diálogo encabezada por el delegado de Gobernación Ulises Rodríguez. La misión parecía sencilla. Sentar a las partes enfrentadas en el conflicto político, alcaldesa y regidores, y buscar una salida a la crisis donde los regidores exigen el relevo de la presidenta municipal.

El cuerpo edilicio llegó con un concentrado de agravios al pueblo y a ellos del lado de la edil. Familiares de Guadalupe incrustados en la nómina, trato autoritario, ausencia de resultados en todas las áreas de gobierno, en resumen, afirman que el problema principal del ayuntamiento tiene nombre y apellido.

Pero como suele ocurrir en la política mexicana, la misión de la comitiva enviada por el gobierno del estado terminó desviándose. Los representantes de Gobernación propusieron las instalaciones de la Guardia Nacional, los regidores la Sala de Cabildo para el encuentro y el diálogo de paz.

Ninguna de las partes cedió, Guadalupe Bárcenas tampoco, la alcaldesa no quiso pisar el edificio del ayuntamiento, pues los ciudadanos pernoctaron ahí y quieren su remoción del cargo.

Lo verdaderamente notable ocurrió después. Como ninguna sede fue acordada, la presidenta municipal tomó una ruta mucho más pragmática. En lugar convencer a los enviados de Gobernación de buscar soluciones a la crisis, terminó llevándolos al Restaurante Axuchilera, por ahí del medio día, del que no salieron hasta entrada la noche con tragos de sobra encima.

Bien comidos y bien bebidos. Hay negociaciones que se realizan alrededor de una mesa institucional y otras que se desahogan alrededor de botellas y cervezas. Los resultados saltan a la vista. El diálogo fracasó. La confrontación sigue viva.

Mientras los regidores esperaban mediadores neutrales, Guadalupe Bárcenas se encargó de ofrecerles hospitalidad. No cualquiera tiene ese colmillo. Lo preocupante no es la anécdota, lo preocupante es que Acatlán sigue atrapado en un meollo político cada vez más profundo con delegados a los que ya miran con desconfianza. @analisistv

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