Por Carlos Clemente
En la Cuarta Transformación hay una frase que se repite hasta el hartazgo: “primero los pobres”. Lástima que, cuando la tierra se pierde bajo el granizo y las fuertes lluvias, el lema también parece quedar sepultado.
En Magdalena Cuayucatepec, en el municipio de Tehuacán, no cayeron únicamente lluvias y granizadas. También cayó la esperanza de cientos de productores que vieron cómo más de 300 hectáreas de maíz y chile quedaron destruidas.
Entonces aparecieron representantes del gobierno: tomaron fotografías, levantaron censos, prometieron apoyos. Hicieron todo… menos cumplir.
Han pasado casi dos meses. La respuesta es tan contundente como indignante: ni un solo peso ha llegado a quienes lo perdieron todo. Nadie informa, nadie responde y nadie sabe si ese apoyo prometido algún día dejará de existir sólo en el discurso. Se quedó en promesa, pues.
La Secretaría de Desarrollo Rural, encabezada por Ana Laura Altamirano Pérez, convirtió una emergencia agrícola en un expediente olvidado.
Así lo urgente terminó atrapado en la burocracia, mientras los campesinos siguen enfrentando solos las pérdidas, la incertidumbre y la pobreza.
El problema no es únicamente el apoyo que no llega. Es la palabra empeñada por autoridades que prometieron estar del lado de quienes menos tienen y hoy no cumplen y menos dan la cara.
Los campesinos no necesitan visitas protocolarias, censos o fotografías. Necesitan respuestas. Porque la cosecha no espera, las deudas tampoco y el campo no sobrevive de promesas. Los campesinos y sus familias deben comer.
Está claro que si ni siquiera quienes perdieron su patrimonio por un desastre natural son prioridad, entonces… ¿para quién o para cuándo es eso de «primero los pobres»? @analisistv











