Pobre Diablo…

Por Carlos Clemente

La austeridad terminó en la pista de baile.

Y la fiesta terminó convertida en un problema nacional para Morena.

Lo que ocurrió en Chignahuapan dejó de ser un simple escándalo local. La ostentosa fiesta de XV años organizada por el alcalde Juan Rivera Trejo cruzó la línea de la frivolidad política y se convirtió en el ejemplo perfecto de todo aquello que la llamada Cuarta Transformación prometió combatir.

El mensaje que ahora manda Morena Nacional no es casual. Es un manotazo sobre la mesa.

La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, anunció el inicio de un proceso sancionador contra el presidente municipal de Chignahuapan por considerar que su conducta contradice los principios de la 4T.

Traducido al lenguaje político: el partido ya entendió que los excesos de varios de sus cuadros comienzan a convertirse en un lastre electoral.

El problema nunca fue únicamente la fiesta.

El problema es el contexto.

Un Pueblo Mágico con pobreza, rezagos y carencias observando cómo su alcalde presume lujos, derroche y extravagancia mientras desde el poder se exige “austeridad republicana”. La contradicción es brutal.

Pero el caso de Juan Rivera Trejo no estalló de la nada.

Su administración coleccionaba escándalos: Opacidad financiera. El famoso arreglo floral buchón. Los fajos de billetes exhibidos públicamente. Señalamientos de abuso de poder. Acoso a periodistas. Denuncias por despojo. Presuntos vínculos con grupos peligrosos en la región. Y ahora, la cereza del pastel: la fiesta que terminó incendiando políticamente a Morena.

El alcalde no entendió algo elemental: en política, el poder no sólo se ejerce; también se administra.

Morena quiere usar el caso Chignahuapan como escarmiento nacional. Porque en muchos rincones del país comenzaron a reproducirse los mismos vicios que durante años criticaron: soberbia, ostentación, impunidad y desconexión con la realidad social.

La 4T descubrió que algunos de sus militantes ya se parecen demasiado a aquello que prometieron desterrar.

Y ahí está el verdadero fondo del asunto.

Juan Rivera Trejo dilapidó en menos de un año el poco capital político que tenía. Pasó de ser “El Diablo” de la política a convertirse en el ejemplo incómodo que Morena necesita exhibir para intentar recuperar congruencia.

La pregunta es si el partido realmente corregirá el rumbo o si solamente sacrificará a un “pobre Diablo” para salvar el discurso. @analisistv

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