Por Jesús Ramos
El músculo político sirve para mandar mensajes y generar percepción. Las plazas llenas, las avenidas abarrotadas y las multitudes avanzando como ríos humanos. A través de él se exhibe capacidad de convocatoria, dinero y estructura.
López Obrador convirtió las concentraciones multitudinarias en estampas de poder político. Melquiades hizo lo mismo en Puebla en los años noventa para ganar la candidatura a gobernador.
Rafael Moreno Valle entendió que los estadios llenos también podían funcionar como termómetro de fuerza y atractivo político. Sólo con él el PAN pudo lograr proezas así.
Ahora, una idea de esa naturaleza comienza a madurar el voluntariado de La Bonita Sánchez. El día de su inscripción en la contienda interna de Morena por la alcaldía de Puebla quieren movilizar 15 mil personas del Gallito al zócalo capitalino.
Suena exagerado. Quizá lo sea. Pero en política las ideas que parecen desproporcionadas suelen tener una razón de fondo, provocar que se hable de ello. Nay Salvatori sirve de ejemplo.
¿Quién tiene la capacidad de mover tantas almas? Buena parte de esa gente, de concretarse la idea, provendría de municipios conurbados. La movilización requeriría operadores territoriales, transporte, coordinación y logística.
Trasladar a miles de personas a Puebla capital tendría mérito organizativo. Ahí está el detalle. Una demostración de esa magnitud tendría por destinatario a Pepe Chedraui. El acarreo produce imágenes espectaculares, pero carece de convicción.
La caminata del Gallito al zócalo sería una postal poderosa, un ejercicio costoso de propaganda y la demostración de músculo intimidatorio. No creo que Pepe se acobarde por ello.











