Por Jesús Ramos
Guadalupe Bárcenas tuvo padrinos políticos de buena talla durante la crisis y según se vio, el respaldo de las llamadas vacas sagradas del periodismo poblano y nacional. También tuvo medios de comunicación que en el conflicto de gobernabilidad tomaron bando por ella.
Hubo coincidencias demasiado convenientes, varios de esos medios mantenían convenios publicitarios con su ayuntamiento. Lo desquitaban vinculando a los regidores y al síndico con la banda criminal Los Rojos.
Los mordían, exhibían y descalificaban para convertirlos en los villanos de la película. Todo mientras la alcaldesa aparecía como víctima de una conspiración política y delincuencial.
El tiempo puso las cosas en su sitio, la alcaldesa terminó renunciando y con ella cayó un mito que durante años crearon en la comunicación poblana. Que un edil quedabien con las vacas sagradas del periodismo puede blindarse ante cualquier crisis política y conservar el pellejo.
Pues no. No esta vez. La realidad de Acatlán de Osorio demostró que la nómina publicitaria puede comprar entrevistas a modo, encabezados y silencios, pero no puede controlar a una sociedad harta de abusos.
Cuando un pueblo decide que no quiere más a su alcalde y se convierte en presión política, ni los padrinos de lujo ni las vacas sagradas de la prensa alcanzan para reconstruir una autoridad que perdió legitimidad.
La llamada prensa pequeña, esa que menosprecian los “grandes estrategas de la comunicación” por carecer de grandes reflectores y facturaciones, terminó jugando un papel no calculado, contaron la verdad que otros administraron con sus silencios y engaños.
Cuando la verdad comienza a circular sin permiso en la prensa pequeña, los convenios publicitarios y dichos de las vacas sagradas del periodismo, pierden buena parte de su poder. Lo importante no es la audiencia masiva sino la calidad de la audiencia impactada.
Los grandes perdedores de esta historia no fueron únicamente quienes apostaron por prolongar la permanencia de Guadalupe Bárcenas, digamos los diputados Eduardo Castillo y Pável Gaspar, también perdieron aquellos que con sus entrevistas a modo y encabezados de defensa a ella no fueron capaces de sostener su legitimidad. La narrativa suya fracasó, sus grandes audiencias de nada sirvieron.
Moraleja para los alcaldes en turno y los que llegarán con el 2027, los convenios de publicidad compran publicidad, no gobernabilidad ni legitimidad, la exalcaldesa de Acatlán de Osorio sirve de bonito ejemplo.











