Muchos levantan la mano por la alcaldía, pocos tienen el poder y el dinero

Por Jesús Ramos

En Morena como en casi todos los partidos las historias políticas no sólo se repiten, se reciclan con descaro. Cambian algunos nombres, se actualizan las fotos y se reimprime la tomadura de pelo. El resultado es el mismo, chocante, predecible, incluso cansado.

Veamos. La obscenidad no está en el número de aspirantes a la alcaldía de Puebla capital, sino en la desfachatez con la que se venden como viables. La caballada morenista es numerosa, sí, pero flaca, desnutrida y sin jinete.

Aun así, una caterva de periodistas les hace el caldo gordo para que el respetable crea que hay competencia interna, músculo político y democracia vibrante, forma elegante y rentable de hacerles la barba.

El propósito real de muchos de estos aspirantes no es gobernar Puebla. No exageremos. Aspiran a algo más modesto, un hueso en la administración entrante, un espacio para alguien de los suyos o una regiduría decorativa en el próximo cabildo.

La alcaldía es sólo el pretexto, el anzuelo, el disfraz. Siendo objetivos ni siquiera los alfiles del primer morenista del estado tienen nada asegurado. Y para aspirar a algo más que un boletín pagado, saben que les falta lo elemental, que les conozcan y elevar su potencial de voto, hoy todavía menor.

Aquí conviene recordar una verdad incómoda. Sólo una cosa es peor que el engaño, el autoengaño. Afirmar que cualquiera puede ser candidato es la mejor muestra de ello. Mentira. No es así. No todos tienen el mismo chance, aunque todos salgan en la misma nota informativa o sesudo análisis.

En política, sobre todo en un partido hegemónico como Morena, hay dos elementos a tomar en cuenta para ser candidato. Dos. No más. No menos. Si el aspirante los tiene, tómelo en serio. Si no, entienda que le están tomando el pelo tanto el político como el periodista.

Los elementos son conocidos y pocos lo dicen en voz alta: cercanía con el poder local y federal, y dinero. Lo demás es retórica, romanticismo o ingenuidad. Sin una de esas dos cosas, y peor aún sin ambas, el aspirante no compite, rellena.

Así que cuando le digan o lea que cualquiera de un montón de pretendientes a la alcaldía de Puebla puede ser candidato, desconfíe. En Morena, como en la vida, no todos pueden, y casi ninguno pretende lo que afirma querer, detrás de ello está la mentira. @analisistv

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