Por Jesús Ramos
La austeridad republicana, rollo discursivo de la Cuarta Transformación, nació con la idea de no exhibir ni financiar con dinero público privilegios, lujos ni caprichos de los gobernantes emanados de Morena.
El asunto aquí es que entre el discurso y la practica existe una distancia considerable, el caso del alcalde de Cuautlancingo Omar Muñoz Alfaro resulta particularmente ilustrativo.
Documentos en nuestro poder demuestran que el ayuntamiento adquirió el 30 de junio diez iPhone 16 Plus, con un precio de 28 mil 998 pesos cada uno. La cuenta es sencilla de hacer, pagó 289 mil 980 pesos por diez teléfonos de alta gama.
No estamos hablando de lápices o herramientas indispensables para prestar un servicio público, sino de los celulares más caros del mercado. ¿Para qué tantos iPhone 16 Plus?
Las explicaciones posibles no son muchas. Si los diez teléfonos fueron para él sería un exceso difícil de conciliar con la austeridad republicana. Si fueron destinados a sus funcionarios tendría que explicar bajo qué criterios les dio celulares de 29 mil pesos.

Y si fueron entregados como obsequios, entonces la discusión deja de ser solamente política y administrativa para justificar los fundamentos legales que amparan la disposición de esos bienes adquiridos con dinero público.
La austeridad republicana no consiste en repetir la palabra austeridad una y otra vez frente a la gente. Consiste en demostrarla con documentos y facturas en las adquisiciones y decisiones cotidianas de quienes administran el dinero del pueblo.
Ahí radica el asunto, la austeridad de la 4T se convirtió en rollo, saliva y lengua que con demasiada frecuencia no resiste la prueba del estilo de vida de sus representantes.
Andy López Beltrán fue sorprendido en Japón haciendo compras, cenando y pagando por una habitación de hotel de lujo 250 mil pesos la noche. Todo un escándalo. Omar Muñoz pagó casi 300 mil pesos por sus diez iPhone 16 Plus.
No significa que esos casos sean jurídicamente equivalentes a un delito, pero políticamente si tienen en común que abren una brecha entre la sencillez que predican y lo que la ciudadanía observa.
La explicación de “todo esta dentro de la ley”, es un clásico de salida para este tipo de escándalos. ¿Está dentro de la ley comprar celulares de alta gama para que cumpla con un servicio un funcionario público?
Después de la compra debe existir una justificación a modo, estaremos atentos al viejo truco de la política, primero se gasta el dinero del pueblo en banalidades y luego se fabrica la explicación.











