Por Jesús Ramos
Si alguien cree que en el 2027 veremos continuidad en los ayuntamientos poblanos, que despierte, se limpie la baba y se siente. Se viene una barrida de época. No por capricho, tampoco por envidia, no porque los actuales alcaldes de la 4T le caigan gordos al gobernador Alejandro Armenta, sino porque el ajedrez del poder exige cambiar piezas.
Armenta heredó un mapa municipal armado, pactos ajenos y ediles que responden a quien ya no decide. Permitir que continúen sería un error si no son enteramente suyos y de fiar. Ese andamiaje político no le sirve para el 2030.
Sabe que quien controla los ayuntamientos controla la movilización, operación electoral y buena parte del rumbo legislativo. Muchos presidentes municipales ambicionan reelegirse. Sueñan con tres años más de millones, escoltas, camionetotas y de ser virreyes en sus demarcaciones.
No les conviene ilusionarse demasiado. Armenta no puede permitirse la comodidad de mantenerlos. Esos espacios se los tendrían que deber a él, no al anterior, porque el poder es absoluto para los gobernadores, no se comparte, se administra egoístamente.
Preparará un tablero nuevo, alcaldes propios, operadores leales, perfiles que no le traicionen en el futuro y que no carguen con compromisos del pasado. Nada personal, sólo estrategia.
Una cosa llevará a la otra, reconfigurar el Congreso del Estado y las diputaciones federales. Para el 2027 llenará espacios que hoy no son suyos para que le respondan únicamente a él. Los ayuntamientos son el principio de toda estrategia estatal. Quien mueve lo municipal mueve las curules.
Por eso el 2027 será un parteaguas. Se irán alcaldes que ya se sentían eternos, llegarán otros que ni soñaban con el cargo para que el mapa municipal de la 4T sea redibujado con la pluma del mandatario estatal. Una reingeniería silenciosa, quirúrgica, certera, cuyo propósito será gobernar con mayor control político.
Difícil creer que Armenta quiera repetir la historia de quienes tuvieron el poder y lo dejaron escapar por fiarse de aliados prestados. Querrá un 2030 bajo su entera batuta. Para eso necesita ayuntamientos obedientes y un Congreso dócil. Debe renovar para maniobrar a su antojo el 2030.
El 2027 no será de continuidad. Será cirugía mayor. Y como suele ocurrir en la política poblana, los alcaldes actuales no tendrán la chance de quejarse, negarse a la nueva realidad o echar trompadas al jefe. @analisistv











