Por Carlos Clemente
La educación superior no puede seguir siendo un privilegio. En eso resulta difícil discrepar con el gobernador Alejandro Armenta.
Su llamado a la rectora de la BUAP, Lilia Cedillo, para que ningún aspirante quede fuera parte de una premisa social poderosa: es preferible un joven en un salón de clases que un delincuente en la calle.
La propuesta tiene un mérito político y social indiscutible: ningún gobierno puede ser criticado por querer que más jóvenes estudien.
Sin embargo, vale la pena analizar algunos datos: este año la BUAP rechazó a más de 30 mil aspirantes. Absorberlos significaría incrementar alrededor de un 25 por ciento una matrícula que ya supera los 124 mil estudiantes. No es un ajuste menor.
El tema no es político, sino técnico. ¿Tiene la BUAP aulas suficientes? ¿Hay laboratorios, bibliotecas, equipo, docentes e investigadores para atender a decenas de miles de alumnos adicionales? ¿Existe presupuesto para sostener ese crecimiento sin deteriorar la calidad académica?
Los números tampoco ayudan al optimismo. Para 2026, la universidad ejercerá cerca de 9.9 mil millones de pesos, un presupuesto que incluso representa una reducción de 378 millones respecto al año anterior. Es decir, se plantea recibir muchos más estudiantes con menos recursos públicos.
En otros países existen modelos de admisión abierta en universidades públicas. Argentina es uno de ellos. Sin embargo, esos sistemas no eliminan el problema de capacidad; simplemente trasladan el filtro al trayecto universitario mediante cursos de nivelación, elevada deserción o restricciones en determinadas carreras.
La OCDE documenta que los sistemas de acceso abierto suelen coexistir con límites de espacios o mecanismos de selección cuando la demanda rebasa la capacidad instalada. No existe la fórmula mágica que multiplique salones, profesores y presupuesto por decreto.
Hay además un elemento que no debe perderse de vista.
La BUAP es una universidad autónoma. Su modelo de admisión debe definirse desde criterios académicos, financieros y de planeación institucional.
La iniciativa merece discutirse. Ampliar el acceso a la educación superior debe ser una prioridad de cualquier gobierno.
Pero para que esta propuesta tenga viabilidad debe ir de la mano de una inversión extraordinaria o un plan integral de expansión.
Abrir las puertas de la BUAP es relativamente sencillo.
Lo verdaderamente difícil es garantizar que cada estudiante reciba la educación de calidad que merece. @analisistv












Un comentario
Primero que le pongan cerebro al gobernador para que haga propuestas con sentido común y no solo propuestas populistas como todas las ideotas tipo 4T