Por Jesús Ramos
Juan Rivera ya entendió lo que muchos de sus seguidores por románticos todavía se niegan a aceptar. Que Morena no respaldará su reelección porque sus escándalos trascendieron las fronteras de Chignahuapan. Y las de Puebla.
Desde las alturas de Morena nacional le ven como político incómodo por su comportamiento alejado de los principios de la 4T. En política, la memoria suele ser corta, pero no tanto como para olvidar sus excesos.
Es la razón por la que el alcalde trabaja el Plan B. Aunque siendo sinceros para nada es brillante. Se trata de mantener el control del ayuntamiento a través de una candidatura paralela, íntima y de absoluta confianza.
La elegida es Isabel Peñuñuri, pareja suya sentimental y consejera estatal de Morena. La fórmula no es nueva, cambian los nombres, partidos e incluso municipios, pero la tentación de heredar el poder es la misma.
Cuando el titular no puede reelegirse pone a la esposa, hermano, hijo, compadre o al mejor de sus amigos para garantizar que las llaves de la caja fuerte y chequera no cambien de manos.
El problema es que él y sus “estrategas” olvidaron un detalle. La cercanía política también contagia, y la cercanía sentimental todavía más. Cada vez que Isabel Peñuñuri aparece al lado de Juan Rivera en actos oficiales, fotografías, reuniones o eventos públicos ven en ella una extensión del mismo proyecto.
La gente observa la misma sombra de él proyectada sobre persona distinta, algo que no siempre suma, a veces resta, también quema. La reputación del alcalde carga demasiado desprecio en Chignahuapan y en Puebla capital, igual en espacios nacionales y regionales. Es un político sin remedio.
Ningún asesor suyo puede maquillar eso, tampoco las encuestas, ni sus posteos de redes sociales con niños, campesinos y colectas de la Cruz Roja. Los videos soberbios y arrogantes que él mismo se encargó de divulgar le impregnaron olores fétidos.
El único activo real de Peñuñuri es su posición dentro de Morena como consejera estatal. Y será lo que utilice como argumento para intentar convencer al partido que ella representa una posición viable para ir a las urnas.
La apuesta de la pareja es que si Morena no quiere a Juan Rivera, entonces acepte una versión tropicalizada suya. Pero ahí aparece el tizne incómodo. ¿Morena solapará herencias políticas?
Rivera y Peñuñuri tendrían que recordar antes de emocionarse el propósito de la iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum. Terminar con el nepotismo en Morena. Y su esposa lo es. @analisistv











