Por Jesús Ramos
A los políticos les encantan los incendios, siempre y cuando la gasolina la rocíe otro y la conflagración esté lejos de ellos, aunque a veces terminen quemándose las pestañas por acercarse demasiado al fuego que ellos mismos avivaron.
El matrimonio de Mundo Tlatehui y Guadalupe Cuautle orquestó la idea de financiar, engordar y presumir músculo en la reciente marcha de la Generación Z. Un poco de jóvenes indignados por aquí, operadores y empleados suyos por allá, espectáculo rentable para la oposición en lo político y electoral.
Fue torpe hacerlo sin cuidar formas ni ser discretos, Gobernación del Estado los ubicó, los confirmó y archivó las pruebas humanas, financieras y materiales. Si Mundo fuera un exalcalde de manos limpias estaría vacunado, pero no es así.
Su paso por la alcaldía de San Andrés Cholula dejó huellas profundas, ninguna de buen gobierno, y en todas aparece el mismo fantasma Gerardo Izmoyotl Linares, el secretario de Administración que le orquestaba los recursos públicos más para mal que para bien.
Sobrecostos, facturas infladas, licitaciones amañadas para premiar a sus empresas proveedoras de conveniencia, un catálogo tan amplio que sólo faltó ponerle precio al aire que respiraban los sanandreseños.
Gerardo sigue siendo el secretario de Administración de la alcaldesa Guadalupe Cuautle, es quien le recicla las viejas prácticas de la administración anterior. Misma oficina, mismo modus operandi, apenas cambió la foto en la pared.
El matrimonio creyó que podía desafiar al gobierno estatal, financiar la movilización antisistema para demostrar fuerza y luego irse a desayunar como si nada. Si le declaras la guerra al Estado, más vale que las cuentas públicas y estados financieros estén limpios, la casa en orden y tu archivo contable no huela feo.
Ahí es donde empezará la angustia. La Auditoría Superior del Estado ya tiene la instrucción de revisar con lupa las cuentas públicas de Mundo. Las comisiones Inspectora y de Hacienda del Congreso del Estado esperan su turno para exponer al sol varias de las muchas irregularidades acumuladas por ambos.
Si el matrimonio quería pelea ya la consiguió. Si quería reflectores los tendrá. A veces las guerras no las gana el más valiente, sino el que llega con menos facturas infladas a los trancazos. Y ahí, honestamente, el matrimonio Tlatehui- Cuautle empieza en desventaja. @analisistv











