Por Luis Camacho
Aparcar en los alrededores del mercado La Acocota se ha transformado en un calvario y un golpe directo al bolsillo para los conductores en Puebla para estacionar su vehículo.
Calles que deberían ser de libre tránsito operan hoy como un estacionamiento privado controlado por franeleros y comerciantes, quienes han sorteado la vía pública en total impunidad.
En un recorrido realizado en el punto más crítico del problema la intersección de la Calle 16 Norte con las avenidas 4 y 6 Oriente, se constató la presencia de «viene viene» que exigen tarifas obligatorias de hasta 35 pesos.
Utilizando huacales, botes y cajas para apartar lugares, los franeleros no solo condicionan el espacio, sino que exigen cobros por adelantado bajo una amenaza para garantizar que el vehículo no sufra daños, toda vez que quienes se niegan a ceder a la cuota enfrentan insultos y amedrentamientos verbales.
La problemática, sin embargo, no se limita a los cuidadores informales, pues comerciantes establecidos bloquean los frentes de sus locales para uso exclusivo de sus clientes, impidiendo el libre aparcamiento.
A esto se le llama la invasión del comercio ambulante con puestos semifijos y mercancías que abarrotan la cinta asfáltica, estrangulando el flujo de vehículos y reduciendo la capacidad peatonal.
Las constantes extorsiones y la imposibilidad de estacionarse de forma segura han comenzado a ahuyentar a la clientela, impactando directamente las ventas del centro de abasto.
Esta apropiación del espacio viola de manera explícita el Artículo 322 del Código Reglamentario Municipal (Coremun), normativa que prohíbe apartar lugares y obliga a retirar cualquier obstáculo de las calles.











