Por Jesús Ramos
Se pregunta a los que saben. Pregunté a un expresidente municipal de Puebla una duda tan simple como real. ¿Cuánto dinero necesita un candidato para ganar la alcaldía de la Angelópolis?
No dudó un segundo.
—Al menos 200 millones de pesos en la actualidad. Con menos de eso sólo se participa para testimoniar.
La respuesta explica mejor que cualquier encuesta por qué unos levantan la mano y otros apenas levantan la voz. Una cosa es querer ser alcalde y otra muy distinta tener con qué competir.
Habría, por tanto, que empezar a descartar aspirantes antes que dar importancia a las encuestas, discursos envalentonados o niveles de conocimiento. El primer filtro no sería popularidad, sería la chequera.
¿Pero hay topes de campaña fijados por la autoridad electoral? Cierto. El tope es de 4.6 millones. La realidad es distinta. Si los 200 millones son correctos del lado de Morena no parecen muchos los que podrían reunir semejante cantidad.
Cuente a Pepe Chedraui, Laura Artemisa, García Parra y La Bonita Sánchez. Párele de contar. El resto participa para obtener premios de consolación, regidurías, diputaciones o cargos en el servicio público.
En el PAN Eduardo Rivera no tendría problemas para financiar una campaña de ese tamaño después de haber sido alcalde de la ciudad en dos ocasiones, podría darle la chequera incluso para pagar otra contienda de gobernador. Quizá también Genoveva Huerta y hasta ahí.
Cuesta trabajo imaginar que Delfina Pozos, Xitlalic Ceja o Eduardo Amador pudieran alcanzar una bolsa semejante. Y aunque los tuvieran, con la baja potencialidad del PRI, seguramente preferirían quedárselos.
En Movimiento Ciudadano y el PT tampoco abundan perfiles con esa capacidad financiera, pero en el Partido Verde Tony Gali inevitablemente entra en la conversación.
Si el precio del triunfo ronda los 200 millones de pesos, la lista de aspirantes se reduce en lo dramático, porque el dinero guste o no, termina siendo el catalizador de las victorias y derrotas, más eficaz que cualquier encuesta.
Quienes conocen la operación electoral sostienen que el mayor gasto no está en los espectaculares, bardas, anuncios digitales o propaganda impresa, la inversión más pesada la absorbe la estructura territorial y política.
Esos candidatos que ya experimentaron una campaña exitosa con resultado en laureles por Puebla capital, saben que más de la mitad de esos 200 millones se utilizan el día de la elección para pagar representación en casillas, acarreo, movilizadores, despensas, compra de votos y comida.
Cuando un aspirante a candidato recorra su colonia no pregunte qué propone, pregúntele si tiene cómo financiar su campaña por la ciudad capital. Si le responde que no, entonces sólo completará la boleta y será espectador de la elección.











