Si las Bárcenas no se van primero, los regidores no renunciarán

Por Jesús Ramos

El próximo viernes se agota el plazo de dos semanas que la Secretaría de Gobernación fijó para conseguir las renuncias de los regidores propietarios y suplentes de Acatlán de Osorio, pero difícilmente lo conseguirá.

La misión fue encomendada a Carlos Martínez Amador, sin embargo, no ha podido convencerles. De los siete regidores propietarios y el síndico, sólo Lourdes Maceda decidió entregar su renuncia, los demás se mantienen estoicos en su negativa.

No parecen estar dispuestos a cambiar de opinión. ¿Por qué? Porque detrás de las uñas de la alcaldesa Guadalupe Bárcenas ya afila las garras su madre María Isabel Bárcenas para sentarse en la silla edilicia. Nada cambiaria, incluso la cosa se pondría peor por al agrio carácter de la doña.

Los regidores saben que si ellos abandonan sus cargos abrirían la puerta para que la mamá se quede con el puesto, ahí es donde está el atorón de la crisis de gobernabilidad.

La lógica que manejan es elemental, si alguien tiene que dejar el ayuntamiento para resolver el lío, primero tendrían que irse el par de Bárcenas, de lo contrario, la renuncia de los regidores podría ser utilizada como tomadura de pelo, ellas se queden, ellos se van,

Martínez Amador hizo lo que pudo, muy poco, quiso negociar, escuchó, tanteó, apretó y nomás ni para adelante ni para atrás. No hubo acuerdo. Sólo obtuvo una renuncia de propietaria y cuatro de suplentes.

Si los integrantes del cabildo están en el punto que prefieren perder sus regidurías antes que facilitar una salida que consideran inconveniente, el mensaje es clarísimo, es el Congreso del Estado el que debe actuar entendido que ya nadie confía en nadie.

Ese escenario deja al Poder Legislativo frente a la responsabilidad de concretar la disolución del cabildo y abrir paso al concejo municipal del que tanto se ha hablado en privado y en público.

No se trata de premiar a unos y castigar a otros, se trata de reconocer una realidad política, cuando un cabildo ya no puede ponerse de acuerdo para resolver sus afrentas, tampoco puede gobernar un municipio.

Acatlán llegó al límite, Gobernación intentó pero no pudo conciliar, Martínez Amador fue ponchado con tres bolas rápidas desde la primera entrada, los regidores le dijeron no y las Bárcenas siguen siendo el doloroso incordio de la sociedad acateca, todos deben irse es la única salida que tiene el Congreso del Estado.

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