Por Carlos Clemente
Hace apenas un año, el Hospital de la Niñez Poblana fue presentado como símbolo de la transformación del sistema de salud.
Nuevas torres médicas, mayor capacidad de atención y más de 200 profesionales incorporados a la plantilla formaron parte de los anuncios realizados durante la inauguración el 8 de junio de 2025, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Hoy, la realidad golpea con crudeza ese discurso oficial: el hospital carece de algo tan elemental como sábanas y batas para sus pacientes.
La semana que concluyó, la empresa Lavatex dejó de surtir ropa hospitalaria al concluir su contrato con IMSS-Bienestar.
El problema no es que un convenio haya terminado; el problema es que nadie previó lo que ocurriría después.
La consecuencia es escandalosa: niños hospitalizados son atendidos con la ropa con la que llegaron al nosocomio, mientras las existencias de ropa de cama apenas alcanzan para cubrir cerca del 10 por ciento de las necesidades diarias.
De acuerdo con el sindicato del hospital, se requieren más de mil sábanas al día y al menos tres cambios por cama para mantener condiciones mínimas de higiene.
No se trata de un lujo administrativo ni de una exigencia sindical. Es una medida básica para prevenir infecciones y proteger la salud de pacientes especialmente vulnerables.
Cuando un hospital pediátrico carece de estos insumos, no estamos ante una falla menor. Estamos frente a una negligencia que pone en riesgo la seguridad de los menores.
Pero la falta de sábanas es apenas la punta del iceberg.
Trabajadores denuncian que persisten el desabasto de medicamentos, la escasez de insumos y la insuficiencia de personal.
Es decir, la infraestructura se amplió, pero los recursos para operar adecuadamente siguen sin llegar.
El resultado es una paradoja dolorosa: edificios nuevos que intentan funcionar con carencias propias de un sistema abandonado.
¿De qué sirve inaugurar hospitales, cortar listones y presumir inversiones multimillonarias si no se puede garantizar lo más básico para atender a un niño enfermo?
La salud pública no se mide por la cantidad de discursos ni por las fotografías oficiales.
Se mide por la capacidad de ofrecer atención digna, segura y oportuna.
Nuevamente la realidad, contradice y exhibe el discurso de la Cuarta Transformación. @analisistv











