Por Jesús Ramos
Poco se habla ya de Tony Gali padre. Llegó tumbando caña, como se dice en el argot beisbolero, y por dos semanas se robó prácticamente la agenda mediática y la conversación política.
Hizo ruido, ocupó espacios, dio declaraciones desafortunadas contra Moreno Valle y el PAN, después, como ocurre con los fuegos artificiales, tronó recio y se apagó, se diluyó.
Tony no regresó del ostracismo político por nostalgia, ama la política, disfruta los escenarios y sabe del valor de la exposición pública. Volvió con dos líneas perfectamente trazadas, una hacia la alcaldía de Puebla capital y la otra para ser diputado federal a través de las listas plurinominales.
En política los planes alternativos suelen ser los más importantes. Con la presidencia municipal alimentaría la ambición, pero con la curul de San Lázaro protegería la inversión, el capital y la libertad.
Por eso se le ve en fotografías arengando a la militancia naranja, promoviendo el partido y contribuyendo al posicionamiento de MC. Tony pone el apellido, la imagen y el capital político, la marca obtiene exposición a través de un viejo conocido.
Se entiende que hay una factura pactada con Dante Delgado. Tony está pagándola con presencia pública y la trasferencia de capital político, Movimiento Ciudadano es el beneficiario.
Aparecer en fotografías son sólo abonos chiquitos, se trata de ayudar a construir una plataforma que pueda traducirse en votos, estructura y competitividad. La política no trabaja de fiado sin llevar una libreta de cuentas y el exgobernador lleva la suya bajo el brazo.
Ahora falta corroborar si, cuando llegue la hora del pago Dante y MC le cumplen la contraprestación de colocarlo en el primer sitio de la lista plurinominal de la cuarta circunscripción, si es que no les autorizan ir por la alcaldía, que fue lo acordado.
Tony está haciendo su parte, falta saber si su deudor naranja hace lo propio llegado el momento. En política las fotografías sirven para anunciar alianzas, pero no son garantía de pago de deudas. Gali tendrá que asegurarse que le paguen en los tiempos fatales.











