Por Jesús Ramos
El Congreso Poblano está empeñado en hacer el ridículo desde sus responsabilidades legislativas. En menos de dos años acumula una enorme colección de jalones de orejas, omisiones y correcciones que trascienden las fronteras de Puebla y el país.
A penas en marzo la Corte le invalidó sus pretensiones de cobro de piso por consultas a la plataforma de Transparencia y Protección de Datos. Los ministros reprendieron a los legisladores locales por intentar construir un sistema paralelo de competencia federal.
Treinta días después le echó abajo la indolente Ley del Ciberasedio dizque para combatir el acoso digital. Fue pésima y confusa su redacción porque atentaba contra libertades constitucionales y ampliaba excesivamente el margen de castigo para los usuarios de redes sociales.
Después Pável y sus pares incomodaron a la sociedad conservadora con la Ley para las Infancias Trans. La Suprema Corte le dio con su martillito en la cabeza al líder camaral y a sus colegas para que adecuaran la legislación redactada por ellos con las patas.
Visiblemente derrotado en entrevista, Pável reconoció haberse empapado de tepache. Agregó que ya no había fecha para adecuar el marco normativo entendido que los tiempos electorales devoraron a Morena y sus partidos rémoras por visibilizar en el horizonte próximo camionadas de votos de castigo.
Para añadir más elementos a su colección de tonteras y ridículos se metió con la elección de gobernador del 2030. Dio paso al cabildeo legislativo y filtró a la prensa su “brillante” idea para modificar las reglas de competencia y alternancia de género, de tal manera que los partidos fueran forzados a postular mujeres para la gubernatura.
La citada reforma de Pável Gaspar nació muerta, ni siquiera fue dictamen cuando desde Palacio Nacional llegó el parón. A dónde vas mi rey. La presidenta Claudia Sheinbaum desde el atril de la mañanera le dijo que además de innecesaria era anticonstitucional. Todavía peor, le puso un zape diciéndole que la legislación vigente ya garantiza la paridad y alternancia.
Pável intentó, pero fracasó, quiso convencer con lágrimas en los ojos que la propuesta fue de sus compañeros diputados y que de ninguna manera tuvo por propósito cerrar las aspiraciones políticas de ciertos varones que planean competir por el gobierno estatal para entonces.











