Setenta y dos alcaldes esconden contratos por miles de millones

Por Jesús Ramos

Trece alcaldes decidieron que la transparencia fuese una enfermedad contagiosa y la escondieron bajo la alfombra presupuestal. Ocultaron contratos por 2mil 348 millones de pesos el año pasado.

No hablamos de facturas perdidas en un cajón. Para nada. Hablamos de empresas invisibles, proveedores fantasmas y obra pública sin rostro, dinero del ciudadano con vocación clandestina.

Miércoles y viernes en AnálisTv exhibimos la otra mitad del truco, 72 alcaldes poblanos recibieron casi 5 mil millones de pesos a través de sus presupuestos de egresos y leyes de ingresos.

De ellos, 59 concentraron contratos ocultos por casi 2 mil 600 millones, digamos que el 50 por ciento del pastel, pero los otros 13, campeones estos del escondite, dispusieron de una cantidad similar en miles de millones de pesos.

Aquí la lista del deshonor, símiles del Magazo Beto el Boticario:

  • Juan Rivera, Chignahuapan, 280 millones 611 mil pesos.
  • Mateo Hernández, Tecamachalco, 277 millones 628 mil.
  • Juan Carlos Varillas, Palmar de Bravo, 259 millones 628 mil.
  • Baltazar Narciso, Xiutetelco, 206 millones 793 mil.
  • Jesús Hernández, Chichiquila, 197 millones 257 mil.
  • Alejandro Martínez, Tepanco de López, 174 millones 48 mil.
  • Georgina Paulina, Huehuetla, 157 millones 581 mil.
  • Mario Díaz, Libres, 148 millones 274 mil.
  • Edgardo Ponce, Chietla, 143 millones 224 mil.
  • Guillermo Abascal, Coyomeapan, 135 millones 92 mil.
  • Raymundo Atanacio, San Sebastián Tlacotepec, 135 millones 499 mil.
  • Juan Toral, Chignautla, 128 millones 427 mil.
  • Ana Laura Sánchez, Cañada Morelos, 104 millones 215 mil.

El gran total que recibieron en 2025, estos trece ediles, fue de 2 mil 348 millones, dinero suficiente para transformar municipios completos, o para esconder contratos amañados.

Chignahuapan, Tecamachalco y Palmar de Bravo encabezan la geografía del ocultamiento del dinero público y gasto. No es casualidad, cuando el presupuesto crece, también crece la tentación de esconderlo para favorecer a amigos, compadres o deudores de campañas.

Lo grave no es sólo el monto. Lo grave es la malicia, el engaño, la trampa. Cuando 13 alcaldes concentran la mitad del dinero público oculto y los otros 59 se reparten la otra mitad en montos menores, lo que existe no es desorden administrativo, es patrón de conducta nociva.

Si la auditoría Superior del estado no actúa con rapidez quirúrgica, estos casi 5 mil millones en contratos ocultos, considerando a los 72 presidentes municipales que esta vez escondieron el destino del dinero, podrían significar un boquete financiero que supere los 15 mil millones en 2027.

El dinero mal ejercido no desparece, se convierte en deuda social, en obra inconclusa, en deficiencia de servicios públicos, en hospitales sin insumos y calles sin pavimento, en inseguridad permanente.

En esos 72 municipios el poder reveló la condición humana de sus alcaldes. Aquí no se trata de filias ni de fobias partidistas, los ediles son de todos los partidos, ninguno se salva, se trata de números, y los números no militan, evidencian.

Se documentó. Escondieron contratos los que aquí nos ocupan. ¿Alguno de ellos tendrá el valor moral de admitir que se equivocó si así fuera, que lo hizo para ocultar el destino de las finanzas públicas? Porque mientras los contratos sigan escondidos, la honestidad suya seguirá estando en tela de duda.

Que nadie se equivoque pensando que el pecado es exclusivo de los 13 grandes escondedores. No. La epidemia es municipal y transversal. Tan mañosos los que manejaron cientos de millones como los que dispusieron de millones menos.

En el paquete de los otros 59 alcaldes que también ocultaron contratos aparecen nombres que quizá no presumen presupuestos de 100 y 200 millones, pero que aun así manejaron cifras multimillonarias de poder y tentación.

Ahí está Vicente Sánchez de Calpan emanado de Morena con 70 millones, Iván Conrado Camacho de Cuyoaco con 77 millones, Fabio Becerra de Jopala de Movimiento Ciudadano con 86 millones, Hesiquio Valdez del PAN con 90 millones, Carlos Pérez de Yehualtepec con 97 millones y Petra Morales del Partido Verde con 84 millones.

No son centavos, son millones que debieron transparentarse peso a peso y contrato por contrato. Existen otros ediles dentro del mismo paquete que ocultaron montos de 60, 50, 40, 30, 20 millones, dependiendo del tamaño del municipio. La cifra baja, pero la conducta es igual de tramposa.

Cuando 72 alcaldes esconde contratos no estamos frente a errores administrativos, no es descuido, no es torpeza, es método, es malicia, es la decisión consciente de oscurecer el gasto público.

La opacidad no tiene partido, Morena, PAN, MC, PRI, Verde, PSI, NA, FXM, todos aparecen en la fotografía del ocultamiento, la corrupción no distingue colores. ¿De verdad los 72 olvidaron publicar contratos? ¿Todos se equivocaron al mismo tiempo?

Cada contrato público escondido es un servicio público debilitado, cada millón sin explicar es deuda moral, no sólo escondieron el dinero, escondieron la verdad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *