Por Carlos Clemente
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó una reforma electoral que nadie pidió.
Nadie le está exigiendo al Ejecutivo distraer recursos, capital político y atención mediática en una iniciativa que hoy no encabeza la lista de prioridades ciudadanas.
La principal preocupación de los mexicanos tiene nombre y apellido: inseguridad.
Después de un fin de semana violento en 20 entidades del país, tras la caída del líder del CJNG, la conversación no gira en torno a boletas, plurinominales o árbitros electorales.
La gente habla de bloqueos.
De incendios.
De miedo.
Del control territorial del crimen organizado.
Y en ese contexto, desde Palacio Nacional se decide abrir el debate electoral.
La reforma presentada este miércoles contiene diez puntos torales y el lunes será enviada a la Cámara de Diputados:
1. Reducción del presupuesto del órgano electoral.
2. Ajustes en la integración del Consejo General.
3. Modificación en el método de designación de consejeros.
4. Revisión del financiamiento público a partidos.
5. Cambios en la representación proporcional.
6. Rediseño de distritos electorales.
7. Simplificación de estructuras locales.
8. Regulación más estricta de propaganda y campañas.
9. Reconfiguración del modelo de fiscalización.
10. Transformación del sistema hacia uno “más austero y ciudadano”.
Todo envuelto en el discurso de ahorro, eficiencia y voluntad popular.
Pero la pregunta elemental es inevitable:
¿Es este el momento?
México enfrenta una crisis de seguridad persistente. Un Estado desafiado abiertamente por organizaciones criminales.
Mientras las calles arden en varias regiones del país, el poder decide rediseñar las reglas electorales rumbo a 2030.
Se habla de consulta. Pero no hay clamor social.
Se habla de compromiso democrático. Pero no es la prioridad ciudadana.
Se habla de reformas para el pueblo. Pero el país exige pacificación.
¿Es viable adelantar el debate electoral cuando lo urgente es recuperar el Estado de derecho?
Hoy, modificar las reglas del juego electoral no es la demanda social.
La demanda es recuperar la paz.
Y aun así, la reforma electoral desde el poder y con el objetivo de conservar el poder, va. @analisistv











