Por Jesús Ramos
En Morena si no alcanzan las candidaturas para todos, que alcancen para la familia de sus políticos. La contienda por la coordinación municipal de Tehuacán tiene una estampa nepotista que merece la atención de la dirigencia estatal del partido.
De los diez aspirantes que quieren la candidatura a alcalde, cuatro pertenecen a dos familias. Dos primos hermanos y un hijo con su madre. ¿Se trata de casualidad, abuso o estrategia? Concluya.
Los nombres son Olga Lucía Romero Garci-Crespo y su primo hermano Jesús Romero Silva. Y Jacobo Aguilar Sánchez y su madre Sara Sánchez Mendoza. Cuatro aspirantes, dos familias y cuatro oportunidades de hacerse del poder municipal. Vaya sinvergüenzada.
No es raro que esas cosas sucedan. En política, los parentescos no deberían ser impedimento para participar, pero tampoco pueden ser ventaja disfrazada de democracia interna.
Morena tendría que explicar qué entiende por piso parejo cuando entre diez interesados en encabezar un gobierno municipal, cuatro son familia consanguínea. ¿Se trata de una competencia o de una negociación entre apellidos?
El caso de Jacobo Aguilar llama la atención porque se interpreta a simple vista que busca premio de consolación para él y su madre. La misma aplica para Olga Lucía y su primo hermano. Nada disimulan, son codiciosos y tramposos, se muestran descarados.
Ahí está el detalle, cuando las candidaturas se convierten en moneda de cambio para evitar supuestas fracturas, la ciudadanía deja de ser el centro de la decisión y los grupos políticos creen ser dueños de las personas.
Las dos familias van con un hombre y una mujer por si Morena sigla uno u otro género, con esa estrategia aseguran su participación por la alcaldía tehuacanense.
¡Qué bonitas familias! Morena tiene mucho por explicar. ¿Esas cosas se valen? La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó el nepotismo, incluso instruyó a la dirigencia nacional para no permitirlo. En Tehuacán el árbol genealógico hace carrera política ignorando a su lideresa moral.











