Por Carlos Clemente
La madrugada de este lunes Puebla despertó con un mensaje que va mucho más allá de un automóvil incendiado.
Dentro de un vehículo calcinado, abandonado en la lateral del Periférico Ecológico y la 14 Sur, a la altura del Parque Bicentenario, fueron hallados los restos de al menos una persona.
A un costado, una cartulina. No era un simple mensaje. Era una declaración de guerra.
Los presuntos responsables, identificados por la firma plasmada en la amenaza, anuncian que la Familia Michoacana entra de lleno a la disputa por el control de Puebla.
Y no lanzan el desafío contra otro grupo criminal. Lo dirigen a las autoridades encargadas de la seguridad pública.
El hecho es especialmente grave porque rompe cualquier intento de minimizar lo que ocurre en el estado.
Cuando un grupo delictivo abandona cuerpos, incendia vehículos en avenidas de alta circulación y amenaza abiertamente a las corporaciones de seguridad, no estamos ante un episodio aislado. Estamos frente a una demostración de fuerza.
Mientras tanto, continúan las estadísticas, los informes y la narrativa que insisten en una disminución de los delitos.
La realidad tiene una forma muy particular de imponerse sobre el discurso oficial.
La disputa por la plaza poblana parece haber entrado en una nueva fase: más visible, más violenta y más desafiante.
Los grupos delictivos como el CJNG, Cártel de Sinaloa, La Familia Michoacana, “La Barredora” –que las propias autoridades han reconocido operan en Puebla-, parecen sentirse con la suficiente confianza para enviar mensajes públicos, sembrar terror y marcar territorio.
La pregunta ya no es si existe una guerra criminal en Puebla. La escena de este lunes parece responderla por sí sola. La verdadera interrogante es quién está ganando terreno y dictando la agenda. @analisistv













Un comentario
Que pena que se siga con la inseguridad en todo el estado mientras los que tienen que hacer el trabajo están más preocupados en cómo defoliar robando desde el gobierno 😔