Por Carlos Clemente
Puebla ya no solo padece delincuencia: enfrenta una disputa territorial abierta del crimen organizado. Y ocurre en zonas perfectamente identificadas, sin que eso implique control real.
El llamado Triángulo Rojo —Tepeaca, Tecamachalco, Quecholac— dejó de ser solo sinónimo de huachicol. Hoy es campo de batalla entre “Los Tepeaca”, de raíz local, y una célula del CJNG, con músculo nacional. Dos estructuras, un mismo objetivo: controlar el negocio ilegal.
Y no es menor. La disputa ya se extendió. El corredor va de Quecholac hasta San Martín Texmelucan, siguiendo la ruta más rentable: el robo de combustible y el asalto al autotransporte sobre la México-Puebla-Tecamachalco. Dinero fácil, millones en juego.
Sí, hay operativos. El decomiso reciente lo confirma: armas largas, incluso una ametralladora, cientos de cartuchos, equipo táctico, vehículos. Un arsenal de guerra abandonado tras un operativo en San Mateo Tlaixpan. Sin detenidos.
A los operativos de la autoridad los grupos responden con mensajes, videos, amenazas. Se adjudican territorios completos. Y lo más grave: actúan con una capacidad operativa cada vez más visible.
No se esconden, circulan, operan. Se exhiben.
La escalada es evidente.
Puebla no es Sinaloa, pero empieza a parecerse en lo que más duele: el control territorial del crimen y la violencia como mensaje. @analisistv












Un comentario
Lo que da más coraje es que siga siendo permitido por el gobierno estatal y federal que esta celula del crimen organizado siga operando sin que les marquen un alto o mejor que los detengan para que dejen de asechar a los pobladores de estos municipios