Por Carlos Clemente
La violencia no solo dejó miedo. Dejó millonarias pérdidas económicas. Y en Puebla, el fin de semana se tradujo en números rojos.
Tras la caída del narcotraficante más buscado del país, la reacción criminal desató bloqueos, rumores y una psicosis social que vació calles y apagó cortinas. El sector productivo fue el primero en resentirlo.
El balance preliminar es contundente:
El sector restaurantero reportó una caída del 65% en ventas.
La no apertura de un turno en Audi México generó una pérdida estimada de 1.3 a 1.4 millones de dólares, según el Consejo Coordinador Empresarial.
Agencias automotrices y comercios del Centro Histórico cerraron anticipadamente.
Los negocios que decidieron abrir operaron con ventas mínimas por la baja afluencia de clientes.
No fue un daño colateral. Fue un impacto directo. Cada bloqueo no solo detuvo vehículos; detuvo consumo. Cada rumor no solo sembró miedo; paralizó decisiones de compra.
La economía local es frágil ante episodios de violencia porque depende del flujo diario: turismo, restaurantes, comercio al menudeo, proveeduría industrial.
Cuando la gente se encierra, el dinero deja de circular.
Especialistas en seguridad y economía coinciden en tres frentes urgentes:
En Puebla quedó claro: cuando el crimen sacude, la economía tiembla.
El Estado debe garantizar estabilidad, el costo lo pagan los empresarios, los trabajadores… y al final, todos.












Un comentario
Tanto daño hace el narco que hasta la economía no se salva de los daños colaterales.