Por Jesús Ramos
Es increíble la ligereza con que se afirma que un político u otro va arriba en las encuestas hacia determinada candidatura, cuando estos instrumentos envejecieron hace años por migrar a la prostitución.
Antes medían, hoy fabrican. Comunicadores que afirman haberlas visto, porque se las mostraron o se las filtraron, caen ingenuamente en la trampa de los políticos por engaño o paga, cualquiera que sea el caso resulta lamentable.
En otros tiempos, el estudio demoscópico era brújula porque orientaba campañas, revelaba humores sociales, exhibía verdades incómodas, fue un instrumento técnico casi quirúrgico que obligaba a servidores públicos y políticos a mirarse en el espejo sin maquillaje ni barbería.
Ninguna encuesta pública que circule en el marco de las elecciones constitucionales del año que viene resiste el más elemental examen de credibilidad. Ninguna. Están prostituidas, su sesgo es seducir, no medir, tampoco retratan, inventan.
“Es que fulano le gana a zutano porque va arriba en las encuestas”. “Es que mengana no levanta”. “Es que perengana tiene muchos negativos”. Patrañas. Las encuestas que circulan en la conversación política de Puebla fueron creadas para crear percepción entre los ingenuos.
Empujan aspiraciones no candidaturas reales, inflan egos y desinflan adversarios, sirven también, si son de papel, para envolver chiles secos en los mercados y para alimentar al sector más perezoso del periodismo, ese que confunde el boletín, chisme o rumor con información dura y demostrable.
La encuesta verdadera se guarda bajo llave, la que conviene se exhibe a los que pueden divulgarla como si fuera verdad absoluta, así, una firma que presume metodología robusta y auténtica puede decir hoy que fulano arrasa y la semana entrante que mengano es imparable.
No cambia la realidad en siete días, el cliente sí, y ahí está la clave, ya no se diseñan estudios para entender al votante, sino para manipularlo, lo mismo que al comunicador, porque el cuestionario que se diseña para obtener muestras no busca respuestas, busca resultados satisfactorios al cliente.
La muestra no representa a la población, representa al que paga por expandir sus oscuros intereses, las encuestas dejaron de mostrar el mercado para convertirse en herramienta de propaganda y teatro.
Lo grave no es que los políticos mientan, sino que haya quienes aún compren la mentira envuelta en técnica. Peor todavía, que haya periodistas que la repliquen con devoción casi religiosa, como si cada porcentaje fuera palabra revelada u oro molido de la información.
En este mercado de ilusiones, la encuesta se volvió moneda de cambio, sirve para negociar candidaturas, agenciarse espacios, presionar decisiones, construir ficción de que alguien “es puntero”, en esencia, para engañar con la pluma o voz de los que se prestan a ello y se alquilan.
Cuando vea usted una encuesta del 2027 o escuche la afirmación de que perengano o mengana cabalga en caballo de hacienda, haga un ejercicio sencillo para sí mismo, quién lo dice, quién lidera y quién pudo haberla pagado, y no cuestione el resultado, cuestione la mala intención. @analisistv











