Por Jesús Ramos
Mientras algunos analistas poblanos de ocasión siguen entretenidos contando negativos, percepción y campañas de odio en redes sociales, Morena en sus encuestas mide otras cosas en su toma de decisiones.
Por ejemplo, quién resistió cuando el movimiento no era gobierno, quién no se dobló frente al poder tradicional y quién sigue teniendo conexión con las bases, aunque algunos no lo entiendan y se empeñen en atragantarse de coraje con ello.
A muchos eso les provoca gastritis política, sin embargo, la realidad es que Pepe Chedraui tiene posibilidades reales de reelegirse en la capital poblana, más de lo que sus enemigos y haters creen.
No por ser el más carismático, tampoco por lo bien o mal que gobierne la ciudad, menos porque exista unanimidad en torno a su figura y resultados. Tiene posibilidades porque en Morena el poder se ejerce con pragmatismo.
Si él decide levantar la mano con valentía, podría quedarse con la candidatura bajo el argumento más poderoso del régimen, continuidad y gobernabilidad. En política, el que gobierna siempre arranca adelante.
Y más si controla presupuesto, programas sociales y cuenta con operación territorial. Los ingenuos creen que las candidaturas se ganan en las redes sociales y la política de café, los operadores saben que se ganan con acuerdos, estructura y cercanía con quienes deciden.
A la par también respira una sobreviviente incómoda alejada por estrategia de Puebla capital, Claudia Rivera Vivanco. Se trata de una morenista que jamás desapareció del radar presidencial y Morena nacional.
Sus detractores tienen años intentando sepultarla, caricaturizándola, desprestigiándola con campañas de lodo financiadas por Miguel Barbosa que todavía no concluyen, y sin embargo ahí sigue.
Morena perdona errores administrativos, derrotas electorales e incluso conflictos internos, pero no desprecia la lealtad de quienes acompañaron al movimiento antes del triunfo del 2018.
Claudia tiene negativos, es innegable, pero también tiene algo que dentro de la liturgia morenista vale oro puro, identidad ideológica reconocida ante la militancia.
En Morena el conocimiento importa, sin embargo, no tanto como la lealtad ideológica, esa es la parte que todavía no entienden muchos analistas, por eso Pepe Chedraui y Claudia Rivera pueden ser medidos en la encuesta, e incluso, no sería extraño que terminaran saliéndose con la suya.
Las encuestas morenistas no son ejercicios sólo de popularidad, son instrumentos políticos donde se pondera el conocimiento, pero también la cercanía con las bases, honestidad percibida, congruencia con la 4T y disciplina frente al movimiento.
Dentro del grupo de Alejandro Armenta la carta más sólida sigue siendo Laura Artemisa García Chávez, no lo dude, tiene un bien muy importante, estructura más que cualquiera, la palabra mágica que define triunfos.
Posee bienes políticos que muchas de sus compañeras no tienen, redes territoriales, capacidad operativa, relaciones internas y una estructura funcional capaz de competir en lo electoral.
Tanto Pepe Chedraui como Claudia Rivera saben perfectamente que levantar la mano significaría declararle la guerra política al grupo dominante del gobernador, la razón es simplista, pertenecen a Morena, pero son de corrientes adversarias. @analisistv











