Por Jesús Ramos
A finales del año pasado Edmundo Tlatehui, exalcalde y estratega doméstico, tomó el control administrativo, la coordinación ejecutiva y tesorería del ayuntamiento que formalmente encabeza su esposa Guadalupe Cuautle en San Andrés Cholula.
No lo hizo con banda municipal ni con decreto publicado en el Periódico Oficial. Lo hizo como se hacen estas cosas en México, es decir, con enroques de gente suya posicionadas en áreas estratégicas, iniciando por la del dinero. Peor descaro imposible.
Guadalupe inició su mandato marcando una línea propia. Relevó a la tesorera de su esposo, Nallely Santos Bautista, y colocó en su lugar a Rodolfo Hernández García, movimiento higiénico, pues todo gobernante necesita aire propio para que no le acusen de respiración asistida.
Rodolfo se desempeñó bien, pero en política el desempeño suele ser secundario frente a la confianza. Y la confianza, en este caso, tenía el nombre de Mundo. En diciembre Rodolfo fue despedido y Nallely regresó a su antigua oficina.
La tesorería volvió a manos del pasado. El futuro duró un suspiro. El enroque no fue aislado. Desde la coordinación ejecutiva también se movieron piezas. Salieron perfiles de Guadalupe: Ana Karen Sotomayor Noriega, Mercy Aguilar Morales y Úrsula Razo Menzel.
Y entraron figuras que acompañaron a Mundo Tlatehui durante su trienio: Carlos Islas Contreras, su sobrina Nicole Cruz Contreras y Jair Hernández Nolasco. Así fue como el esposo tomó el control del dinero y del área de toma de decisiones más importante del municipio.
La política municipal convertida en juego de ajedrez, pero con las mismas piezas de la partida anterior. Uno podría argumentar continuidad institucional. Pero la continuidad no suele necesitar parentesco ni regresos sincronizados. Aquí lo que se observa es algo más antiguo que la democracia, la continuidad detrás del trono.
En los hechos, San Andrés Cholula parece experimentar una versión moderna del cogobierno conyugal. Ella firma. Él decide. Ella encabeza. Él coordina. Ella gobierna en el boletín. Él gobierna en la estructura y las finanzas.
El problema no es marital, es político. Cuando el poder se concentra en familiares, la administración pública se transforma en patrimonio privado. El mensaje ilustra, el voto decidió la fachada, pero no el mando. @analisistv











