Morena descarga lastre

Por Carlos Clemente

Durante años, Andrés Manuel López Beltrán fue presentado como el heredero silencioso del obradorismo. El operador electoral. El estratega detrás del movimiento. El hijo que movía los hilos desde las sombras.

La realidad terminó siendo mucho menos épica.

Andy, como le gusta que lo llamen, deja la Secretaría de Organización de Morena no como un político consolidado, sino como un dirigente cuestionado, desgastado y convertido en símbolo del nepotismo que tanto criticó la llamada Cuarta Transformación.

Su paso por el partido dejó más ruido que resultados.

Las derrotas electorales, las fracturas internas, los escándalos de opulencia y la percepción de soberbia terminaron erosionando su imagen incluso dentro de Morena.

Muchos morenistas jamás lo vieron como líder; lo veían como “el hijo del presidente”.

Ese fue siempre su principal cargo.

Hoy busca refugiarse en una diputación federal por Tabasco.

Oficialmente, para competir democráticamente.

Pero, políticamente, para sobrevivir. Buscar el fuero, pues.

Porque en Morena algo quedó claro: Andy no sumaba. Restaba.

Nunca logró construir liderazgo propio. Nunca conectó con la militancia. Nunca pudo salir de la sombra de su padre. Y cuando intentó ejercer poder, terminó exhibiendo las peores prácticas del viejo sistema que Morena prometió destruir: dedazo, linaje y privilegios.

Vaya ironía.

El movimiento que nació denunciando los cacicazgos terminó fabricando uno familiar.

Ahora Morena, discretamente, intenta deshacerse de él antes de que el costo político sea mayor. @analisistv

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