Por Jesús Ramos
Seis de los nueve partidos políticos de Puebla fueron a parar al abismo. Se desfondaron es la palabra adecuada. Se equivocaron. La caída de militantes no es una cifra fría, es un diagnóstico lamentable.
A los errores de narrativa, marketing, estrategia y publicidad, agregaría también el discurso con fraseo inadecuado, alejado totalmente del ciudadano y lo que quiere oír.
El PRI lidera el peor de los escenarios con una hemorragia del 23 por ciento de su militancia. El juicio fácil señalaría culpables con nombre y apellido. Error. Néstor Camarillo no fue el responsable supremo. Incluso por eso se fue.
Blanca Alcalá hizo lo mismo, entendió que el barco ya no hacía agua y por tanto no redituaría beneficios a ella. Y por ese mismo muelle camina Delfina Pozos. No es traición, es instinto de supervivencia. Los animales abandonan la madriguera cuando huele a incendio.
El priismo poblano no perdió militantes por una decisión, los perdió por no decidir nada durante años y entregarse a las complicidades con el poder en turno en espacios oscuros. Lo rigen, dejó de regirse por sí mismo.
Algo muy parecido le sucedió al PAN con el añadido de no lograr conectar con la sociedad, menos con la clase media aliada suya en victorias pasadas. Perdió el 12 por ciento de sus azules y podría perder más si no corrige las metidas de pata.
Habla en clave interna cuando afuera el idioma es otro. La gente quiere soluciones a la problemática cotidiana no sólo señalamientos de los terribles resultados de los gobiernos morenistas, mientras tanto la militancia se va en silencio.
PSI y PT completan el cuadro de los grandes desfondados de 2025, con caídas del 19 y 18 por ciento, respectivamente. Son partidos que confundieron la coyuntura con el proyecto y pragmatismo con la identidad.
Su desconexión con el ciudadano es tan profunda que ya no escuchan ni el eco de sus propios discursos. En su laberinto de alianzas tácticas olvidaron el rol de su existencia, avanzan semana a semana sin abrir los ojos.
Nueva Alianza y Movimiento Ciudadano tampoco cantan mal las rancheras de esta debacle. Uno perdió 13 por ciento de sus militantes y el otro 12 por ciento. El primero atrapado en inercias corporativas y el segundo convencido que el marketing sustituye toda estrategia.
La suma de estas caídas no son casualidad ni conspiración, es consecuencia. Seis partidos obtuvieron la pérdida de miles de militantes como resultados de sus errores. Fallaron al leer el ánimo social, no lo supieron traducir en narrativa.
La antesala del 2027 es un juicio que se aproxima. Si no replantean sus propuestas al electorado, si no reconstruyen la conexión con el ciudadano, no desde el marketing sino desde la política, lo que obtendrán será una reducción drástica en su votación, porque cuando la militancia se va el voto hace lo mismo. @analisistv











