Por Jesús Ramos
En el PAN nadie se atreve a decirlo en voz alta, pero todos saben que el exedil Adán Domínguez intervino en la elección pasada como fiel soldado de Eduardo Rivera Pérez en ánimos de quedarse con la dirigencia municipal.
Adán no se manda solo, es bien sabido, y nunca lo ha hecho. Metió las manos al proceso interno porque así se lo ordenó Lalo Rivera. Pero las bases panistas, las que ya se cansaron de ellos, les dejó silbando en la loma, les abandonó.
La decepción fue tan grande que en la segunda vuelta calendarizada el 7 de diciembre, sólo para mujeres, Adán y Eduardo lo más probable es que desistan volver a perder, no por prudencia o elegancia, sino por simple cálculo político.
Entienden que intentarlo de nuevo implicaría otro gasto de dinero con la elevada probabilidad de volver a ser vencidos y señalados de eternos perdedores, mote con el que son identificados en el círculo dorado de la política poblana.
Las mujeres panistas están sabedoras de ir solitarias al ring, sin padrinos, sin chequera y sin órdenes que seguir, con sus uñas deberán rascarse. Por eso varias dudan en registrarse. No hay red de protección, garantías ni victorias anticipadas.
Que Adán y Lalo se ausenten no purifica el proceso, pero sí abre brecha y empareja la cancha. Deja claro que en el PAN cuando no hay financiación el valor se disuelve, filosofía enseñada por Rafael Moreno Valle.
De los 4 mil 500 militantes activos de Puebla capital, el par de exalcaldes apenas tiene la capacidad de movilizar 600, las matemáticas no les dan, la derrota pasada tendrían que tragársela nuevamente.
Algo que no querían era verse descubiertos, sin embargo, el panismo identificó a uno de ellos asomando la cabeza, así fue identificado el segundo, además que ocultar la movilización y aporte financiero de manipuladores en todo partido político es prácticamente imposible. @analisistv











