La soberbia cuesta… y en San Andrés Cholula costó 6 millones de pesos

Por Jesús Ramos

Diógenes el filósofo griego decía que la soberbia humana sólo necesita un espejo para exhibirse sola. En San Andrés Cholula, Guadalupe Cuautle decidió que ese espejo costara 6 millones de pesos del erario, sin rubor, pudor ni respeto por la inteligencia de sus gobernados.

Una cosa es cumplir con la Constitución, y otra muy distinta convertir la rendición de cuentas en un festival de autosatisfacción. La primera es mandato de la República. La segunda, capricho de vanidades personales. Y entre ambas, la alcaldesa eligió la más cara.

La Carta Magna es clarísima. Cada autoridad municipal debe informar ante su cabildo o su comunidad, cómo administró los recursos de la gente. Ni una línea más. El texto constitucional no le ordenó contratar al Grupo Cañaveral para amenizar la transparencia.

Tampoco le exigió organizar comilonas dignas de coronación. En ningún apartado le sugiere que para hablar de presupuestos debe gastar 1.5 millones en templetes, mobiliario alquilado y carpas. Mucho menos que tuviera que pagar 2 millones para que “Tiene espinas el rosal” resonara mientras presumía obras de relumbrón y números sin sentido.

En San Andrés el informe no fue informe, fue espectáculo, circo, derroche, uno que para colmo nadie le supera, ni siquiera el de la capital donde Pepe Chedraui no se atrevió a facturar semejante barbaridad para cumplir con su deber constitucional. Pagó menos de un millón de pesos por la renta del Auditorio de la Reforma y nada más.

Arriba de un millón de pesos en alimentos liquidó Guadalupe Cuautle, otro tanto en producción audiovisual, promoción, transmisiones y fotografía. El presupuesto de un pequeño programa social convertido en una tarde de aplausos alquilados con lentejuela emocional.

Uno pensaría que en un estado donde la gente exige seguridad, servicios públicos de calidad y gobiernos sobrios la prudencia sería regla. Pero no. La edil eligió la ruta del derroche, como si el dinero fuera suyo, como si la austeridad fuera un concepto accesorio, como si su prioridad fuera brillar, aunque la iluminación la pagara el pueblo.

Los san andreseños no necesitaban un concierto. Necesitaban cuentas claras. No requerían un banquete. Urgían resultados. No esperaban un show. Pedían un buen gobierno. Cuando un gobernante necesita el montaje de un espectáculo para explicar su trabajo, suele ser porque su trabajo no puede sostenerse solo. @analisistv

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