Por Carlos Clemente
La autopista México–Veracruz, en su paso por Puebla, sigue siendo territorio altamente peligroso.
De Río Frío a Esperanza, los asaltos no ceden.
Golpean a transportistas, comerciantes y ciudadanos mientras la vigilancia oficial simplemente es insuficiente o poco efectiva.
Anoche, el dirigente estatal del PAN, Mario Riestra, denunció en sus redes sociales que fue víctima de un intento de asalto por una falsa patrulla, la cual incluso disparó contra su vehículo.
Los hechos sobre el tramo de la autopista Puebla-Orizaba, a la altura de Palmarito Tochapan. Resultó ileso.
“Es una basura la Guardia Nacional”, posteó.
La madrugada del martes, un comando armado interceptó a comerciantes en Tepeaca. Los obligó a detenerse y les arrebató su camioneta. Operativo limpio, rápido, impune.
Así trabajan todos los días.
La promesa gubernamental es conocida: cámaras de videovigilancia, dos drones y mejor coordinación. La realidad, es que habrá que esperar cuatro meses más.
La nueva tecnología está en fase de prueba. Mañana —dicen— habrá control total.
Por el momento, está claro que la delincuencia no descansa. Madruga.
Mientras la autoridad teje estrategias, la delincuencia opera con precisión y ventaja. Y en medio, los usuarios de la autopista siguen pagando el costo: miedo, pérdidas y abandono.
La exigencia no es nueva, pero sí urgente: seguridad real, no más planeación. @analisistv












Un comentario
Es un tema más que sabido los puntos adonde estos delincuentes asaltan sin temor alguno y con toda impunidad cometen sus fechorías llegando al asesinato, pero como siempre las autoridades permiten esto lo que menos les interesa es asegurar que los transportistas y automovilistas sufran las consecuencias de su ineptitud,