Por Jesús Ramos
Hay una fauna bien entrenada deambulando por los pasillos del poder estatal, son los barberos y lambiscones, esos que con sonrisa de utilería critican la comunicación como el problema central del gobernador.
Qué cómodo diagnóstico, culpar a los demás cuando la realidad no es color de rosa o cuando la expectativa no cuadra con el resultado. Falso. No es cierto. No es por ahí.
Desde el núcleo del gobierno se han lanzado campañas publicitarias de buen nivel. Se informa lo bueno por los canales oficiales, comerciales, digitales y tradicionales. Se ha abierto información que antes se guardaba bajo llave como la seguridad con el añadido de las organizaciones criminales.
Claudia Hernández se va a Morena. Suerte que le vaya bien. No necesita porras, es profesional, sin embargo, cualquier comunicador que ocupe la silla que ocupó Pepe Tomé y ella será blanco de intrigas, y traiciones.
Es muy fácil afirmar que el gobernador no se equivoca, si algo falla es culpa de alguien más, jamás de él, la vieja liturgia del poder, blindar al poderoso, sacrificar a quién sea de su entorno.
El problema de fondo no es la comunicación institucional, es creer que la comunicación puede domesticar y alterar la realidad. No puede. Puede explicarla, ordenarla, darle contexto, medirla, corregirla y encarar las crisis.
Pero no puede convertir errores en aciertos ni silencios en logros, y menos aún puede uniformar dos mundos que por naturaleza chocan, lo oficial y lo crítico, pretender que ambos marchen al mismo compás es desconocer el terreno que se pisa.
Aquí entra la otra pieza que los barberos omiten, la oposición y el enfado de buena fe o mala leche que capitaliza cada tropiezo del gobierno o de Alejandro Armenta. A eso se le llama contrapeso. No es defecto del sistema, es condición natural.
Quién gobierna y pretende unanimidad en realidad busca silencio, y el silencio en estos tiempos digitales es misión imposible. Jorge David Cortés o quién pise la oficina de comunicación no será evaluado por el volumen de aplausos que recoja el mandatario en la plaza pública o en las redes sociales.
Su vara de medición será la de entender que la comunicación gubernamental permanente inquieta, AMLO es excelente ejemplo, el disenso no se extingue por decreto, unos lo alimentan por joder y otros por considerar que por los datos que poseen tienen la razón.
A los barberos y lambiscones habría que decirles que son muy evidentes en sus juicios básicos de valor, cambien la lisonja por el diagnóstico y el aplauso por la evidencia, difícil que lo hagan porque les funciona enaltecer al poder en turno. @analisistv











