Por Jesús Ramos
En el póker hay apuestas que se hacen para tantear al adversario y otras en las que se pone sobre la mesa hasta el último centavo del capital. Alejandro Armenta está haciendo esto último por la alcaldía de Puebla.
Si Pepe Chedraui y Carlos Slim pusieron sobre la mesa de juego un proyecto inmobiliario de 4 mil millones, Alejandro entendió que la partida había subido de nivel y que debía responder con una apuesta atrevida.
Abrió su carta, La Bonita, y tras de ella echó el resto con enroques en su gabinete y movilización para el sábado entrante. De lo que se trata es de meter presión y nerviosismo, medir fuerzas dentro y fuera de Morena.
Hizo lo que hacen los jugadores que deciden dejar de especular. A lo cara de perro puso sobre el paño su respaldo político, la maquinaria de gobierno y el peso de su posición como jefe de la comarca.
Nada de medias tintas, nada de tecitos tibios para disimular la temperatura de la partida y nada de esconder su rol de poder. Él sabe que el respaldo de un gobernador allana el camino y da dimensión a las aspiraciones.
Entiende también que la candidatura por Puebla capital depende de reglas, humores, concesiones de Palacio Nacional, la aceptación ciudadana y capacidad de convertir el poder institucional en respaldo electoral.
Una cosa es que su candidata reciba los reflectores y otra muy distinta que ese impulso alcance para ganar la partida. El nombre, el respaldo y la exposición la colocan en el centro de la conversación, pero la partida exige mucho más que eso.
Pepe Chedraui representa una variable difícil de despacharse con movilizaciones y exposiciones mediáticas. Su posición de alcalde, conocimiento y potencial de voto, matizado con relaciones empresariales de alto calibre lo convierten en un jugador de cuidado.
Si el proyecto inmobiliario de 4 mil millones se convierte en factor de decisión presidencial, será una inconstante ajena a la región que domina, pero el resto lo habrá puesto sobre la mesa para ganar.










