Por Luis Camacho
Lo que el Gobierno de Puebla proyecta el Cablebús como un salto a la modernidad, un sector importante de la ciudadanía lo lee como una agresión al entorno urbano, pues los inconformes centraron sus demandas en tres ejes fundamentales
Este fin de semana, las calles de la capital poblana se convirtieron en el escenario de una nueva jornada de resistencia ciudadana con el rechazo a la obra que no solo crece, sino que se radicaliza.
Bajo la consigna de que el proyecto no responde a las necesidades reales de movilidad de la zona, habitantes de colonias emblemáticas como Bella Vista y Prados Agua Azul, acompañados por colectivos ambientalistas, marcharon desde el Parque Juárez con destino al Parque Ecológico.
Los activistas denuncian un ecocidio inminente, argumentando que la infraestructura afectará áreas verdes y ecosistemas locales, además, aseguraron que el trazo del Cablebús no soluciona los problemas de transporte de quienes viven en esas zonas.
Durante la manifestación de este día, vecinos de diferentes colonias temen por la pérdida de plusvalía y la invasión a la privacidad que suponen las cabinas sobrevolando zonas residenciales.
En ese sentido, para los habitantes de Bella Vista y Prados Agua Azul, el sistema de transporte urbano no resuelve los cuellos de botella de la ciudad y afecta la plusvalía y privacidad.
Asimismo, exigieron frenar la obra hasta que se presenten estudios de impacto ambiental transparentes y se garantice que el proyecto no vulnerará el equilibrio ecológico de la ciudad.
La movilización no fue solo de consignas toda vez que los manifestantes retiraron y cortaron en tiras los pendones publicitarios que anuncian la obra, calificándolos como «basura electoral y contaminación visual» antes de que el proyecto siquiera esté en pie.











