Por Carlos Clemente
En Puebla, el agua potable lleva años siendo un servicio caro, escaso, deficiente y motivo permanente de indignación ciudadana. Lo extraño no es que hoy haya críticas contra la concesionaria Agua de Puebla. Lo llamativo es que los diputados de Morena esperaron tanto tiempo para abanderar la causa.
Los morenistas han sido mayoría en el Congreso local durante tres legislaturas consecutivas y es hasta ahora que deciden ponerse del lado de pueblo.
Durante todo ese tiempo nunca impulsaron con seriedad la revisión o revocación de la concesión heredada por el morenovallismo. Tampoco cuestionaron las tarifas, exigieron el cumplimiento de las inversiones comprometidas en infraestructura y saneamiento, ni abrieron el Congreso para que la empresa rindiera cuentas frente a los ciudadanos.
Por el contrario, la concesionaria ha encontrado con Morena un Legislativo cómodo, silencioso y complaciente.
Hoy, de manera repentina, el coordinador de Morena, Pável Gaspar, declara que «Agua de Puebla no sirve para nada y cobra muy caro». Su bancada también denuncia el desabasto crónico que padecen colonias, unidades habitacionales y juntas auxiliares, además de advertir que la empresa apenas ha cumplido 9 de los 31 compromisos establecidos en el título de concesión.
Todo eso es cierto. El problema es que no lo descubrieron hoy. Los usuarios lo padecen y lo han denunciado desde hace años.
Por qué guardaron silencio cuando tenían la fuerza política para actuar y hasta ahora decidieron levantar la voz, justo cuando la sucesión de 2027 ya comenzó a mover las piezas dentro de Morena.
Los poblanos necesitan agua, no discursos de temporada. Necesitan diputados que defiendan sus derechos durante todo el ejercicio del poder, no sólo cuando el calendario electoral convierte la indignación ciudadana en una oportunidad política.
Cuando una causa legítima se utiliza como plataforma electoral, deja de ser un acto de justicia y se convierte en simple oportunismo electorero. @analisistv











