Días negros

Por Carlos Clemente

Hay momentos en los que las cifras dejan de explicar lo que está ocurriendo.

Porque detrás de cada carpeta de investigación hay un nombre, una familia, una historia y una ausencia que ya no podrá llenarse.

Puebla atraviesa días especialmente dolorosos.

En las últimas horas, cuatro historias han sacudido a la sociedad poblana: tres jóvenes y una maestra. Cuatro familias golpeadas por tragedias distintas, pero unidas por una misma sensación: la incertidumbre, el miedo y el dolor de perder a uno de los suyos.

Mateo Hernández Gutiérrez, de apenas 16 años, estudiante de preparatoria de la BUAP e hijo del presidente municipal de Tecamachalco, Mateo Hernández López.

El adolescente fue reportado como desaparecido el 19 de septiembre. Ayer, su cuerpo fue localizado en la zona de Azumbilla, en el municipio de Nicolás Bravo, envuelto en cobijas y con signos de violencia. El cuerpo presentaba varias heridas de arma de fuego.

No es solamente el crimen de un menor.

Es también la historia de una familia que durante días buscó a su hijo el cual fue víctima de un secuestro.

Puebla apenas despedía a otro joven estudiante. Hugo Alejandro Hernández Tello, estudiante de la BUAP de 25 años, había sido reportado como desaparecido desde el 5 de septiembre. Su cuerpo fue localizado el martes 22 de septiembre en el río Alseseca, en Lomas de San Miguel, después de 17 días de búsqueda.

La Fiscalía informó que la causa de muerte fue un traumatismo craneofacial y que las lesiones eran compatibles con una caída, sin que se identificaran otras lesiones. Las investigaciones continúan para esclarecer las circunstancias del fallecimiento.

En medio de este ambiente de consternación apareció otra historia estremecedora: la de Alma González Montiel, maestra de Educación Física de 40 años, desaparecida el 17 de septiembre en Cuautlancingo y localizada sin vida días después en Cuautinchán. La Fiscalía poblana investiga el caso bajo el protocolo correspondiente.

Y en Tehuacán, el caso de Yazmín, una adolescente de 15 años de la Sierra Negra, madre de un menor, desapareció hace más de dos meses hasta que fue identificada entre los restos encontrados en un tambo.

Son historias distintas. No deben mezclarse ni utilizarse para construir una conclusión.

Más allá de los números oficiales, hay una realidad que las estadísticas no alcanzan a transmitir.

El miedo de una madre cuando su hijo no regresa.

La desesperación de una familia que pega una ficha de búsqueda.

La angustia de quien espera una llamada que confirme que su ser querido está vivo.

O lamentablemente, el silencio de una morgue.

La violencia no pregunta por la edad. No pregunta si alguien es estudiante, maestro, trabajador, empresario o funcionario. Y estos casos muestran, desde circunstancias muy diferentes, que ninguna familia puede sentirse ajena al riesgo.

Sin duda corresponde exigir que ninguna muerte quede sin explicación.

Que ninguna desaparición sea minimizada.

Que ninguna familia tenga que convertirse en investigadora para encontrar a los suyos.

Y que las autoridades, cada una en el ámbito de sus responsabilidades, hagan su trabajo con rapidez, transparencia y resultados.

Puebla no necesita acostumbrarse al horror.

Necesita respuestas y, sobre todo, necesita justicia para Mateo, para Hugo, para Alma, para Yazmín y para todas las víctimas cuyos nombres no pueden convertirse en simple estadística.

A sus familias, respeto, solidaridad y acompañamiento en este momento de dolor. @analisistv

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