Los alumnos participan en un programa de OISCA que incluye la enseñanza de producción de alimentos, cultivo de hongos, liderazgo, economía familiar e idioma japonés.
Por Patricia Rayón
Siete universitarios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) han viajado a Japón para participar en procesos de capacitación impulsados por la Organización Internacional para el Desarrollo de la Comunidad (OISCA), con el objetivo de adquirir conocimientos que posteriormente puedan aplicar en sus comunidades de origen.
El director ejecutivo de OISCA México, José Martín Atela Echevarría, explicó que la organización ha enviado a 15 jóvenes mexicanos a centros de capacitación en Japón y que aproximadamente siete de ellos son estudiantes de la BUAP que participan mediante el programa de desarrollo de capacidades.
Capacitación dura hasta dos años
Durante su estancia, los jóvenes reciben formación en agricultura orgánica, producción de huevo, cultivo de hongos, elaboración de conservas, preparación de alimentos, liderazgo, economía familiar e idioma japonés, entre otras actividades.
Las capacitaciones tienen una duración de un año, aunque algunos participantes pueden extender su permanencia.
Actualmente, tres jóvenes se encuentran en Japón: dos realizan una capacitación de dos años y una más participa como voluntaria internacional después de haber completado previamente una estancia de un año.
José Martín Atela explicó que el programa busca que los participantes regresen con herramientas que puedan trasladar a sus comunidades y que el aprendizaje obtenido durante su estancia tenga una aplicación práctica.
OISCA mantiene proyectos en comunidades poblanas
La capacitación en Japón forma parte de un trabajo que la organización también desarrolla directamente en Puebla.
Durante los últimos dos años, OISCA ha establecido 14 viveros, varios de ellos en planteles educativos, donde mantiene acompañamiento para garantizar su funcionamiento.
Uno de estos proyectos se encuentra en el Complejo Regional Sur de la BUAP, en el municipio de Tehuacán, donde el vivero forma parte de las acciones de educación y capacitación relacionadas con el cuidado del suelo, el agua y la biodiversidad.
José Martín Atela señaló que el trabajo de la organización no termina con la instalación de un vivero o la realización de una plantación, sino que implica mantener un acompañamiento permanente con las comunidades y las instituciones participantes para que los proyectos puedan continuar funcionando.











