Por Jesús Ramos
En la Sierra Norte de Puebla se tunden de lo lindo las administraciones municipales de Zacatlán y Chignahuapan, sus propósitos son el desprestigio absoluto de sus respetivos alcalde y alcaldesa.
Ahí están frente a frente Betty Sánchez y Juan Rivera, enfrascados en ver quién ensucia más al otro, como si gobernar fuera competencia de lodo no de responsabilidad pública.
Zacatlán contra Chignahuapan, dos ayuntamientos convertidos en trincheras, dos gobiernos municipales reducidos a oficinas de propaganda negra, y como toda guerra necesita generales Betty tiene a Yonadap Cabrera, fino cirujano del escándalo, capaz de tomar una chispa y volverla incendio.
Del lado de Juan, Omar Arroyo, que más que atacar parece dedicado a apagar fuegos con cubetas agujeradas. Rivera cuenta con un gabinete más amplio de “asesores o expertos”, incluso con mayor despilfarro público, pero sin resultados en contención digital ni administración de crisis. No saben. Le vendieron humo.
Ambos periodistas gozan de trayectorias respetables, sin embargo, hoy son estrategas de guerra, arquitectos de campañas negras donde la verdad importa menos que el impacto porque su misión es destruir al objetivo contrario.
Los equipos de comunicación de Betty y Juan no visten verde olivo, pero montaron ecosistemas digitales en esa región de la Sierra Norte para tundirse con saña maldita, portales, páginas, perfiles anónimos, filtraciones, todo sirve, también la contratación de reporteros locales de Facebook como refuerzos.
Si esto fuera un parte de guerra, que lo es, habrá que decir sin rodeos que el “Jona” va ganado, y no por poco, va ganando por paliza con menos recursos humanos, materiales, “expertos” diciéndole qué hacer y financieros.
El tremendo “Jona” ha sabido amplificar los escándalos de Juan Rivera, y de qué manera, ahí están los episodios que ya forman parte del folclor oscuro de Chignahuapan, la esposa incómoda, los fajos de billetes en la mano, masajes en los pies del edil, censura a la prensa, efectivos de la Marina cuidándole y el célebre escape del Bukanas, cada historia un clavo, cada escándalo un martillazo en la cabeza del Diablo.
Del otro lado, la defensa de Juan Rivera ha sido lamentable, torpe, reactiva, siempre detrás de los trancazos, yéndose a refugiar a las cuerdas, golpes al aire, intentos fallidos de embarrar a Zacatlán y a la alcaldesa con huachicol, robos y asesinatos.
Mientras ellos juegan a la guerra, la realidad es incómoda, inseguridad en sus demarcaciones, ciudadanos atrapados a dos fuegos institucionales con origen en esos dos ayuntamientos, hostilidad pagada con dinero público.
Si Morena parara hoy esa pelea al que convendría sería a Juan por la tranquiza inhumana que le siguen propin
ando desde Zacatlán. “El Jona” vs Omar Arroyo, retórica de Alfredo Adame vs Carlos Trejo. @analisistv











