Por Jesús Ramos
En el círculo del poder estatal analizan una posibilidad cargada de alto pragmatismo. No todos los candidatos armentistas empujados para ganar competirán en las elecciones del 2027 bajo las siglas de Morena.
Dicho de manera franca, si dentro del partido guinda no existen perfiles leales a Alejandro Armenta en determinados municipios les buscarán cobijo a los que sí en otros institutos con lo necesario para triunfar.
Una cosa es la marca electoral y otra, muy distinta, el proyecto político. Cuautlancingo y Atlixco son dos estupendos ejemplos para entender la ecuación de lo que sucederá en las boletas el año venidero.
Omar Muñoz y Ariadna Ayala representan desde esta lectura espacios municipales vinculados a grupos ajenos al núcleo político del gobernador, uno tiene en el cuero marcado el fierro del nachismo y la otra del barbosismo.
Ese es el problema para quienes, como ellos, pretenden conducir el proceso electoral desde la reelección en primera o segunda persona. Si no hay candidato que les haga contrapeso dentro de Morena, ¿por qué limitarse a Morena?
Fuerza por México, PT y Partido Verde se convertirán en vehículos electorales alternativos para impulsar candidaturas capaces de disputar municipios incluso al mismo Movimiento de Regeneración Nacional o donde se den fracturas internas.
El primero de estos tres partidos llama la atención por el crecimiento del 98 por ciento que tuvo durante los primeros siete meses del año. Sí que sorprende. Si un partido crece tan meteóricamente se vuelve un vehículo competitivo.
Si alguien cree que el poder tiene que casarse con una sola sigla, vale la pena recordar a Rafael Moreno Valle. Rafa entendió que el poder electoral también se administra desde diferentes cachuchas.
PAN, PRI, Nueva Alianza, Verde, PRD, Compromiso por Puebla, PSI fueron parte de la arquitectura electoral que le permitió al morenovallismo competir desde todos los frentes. ¿Por qué no hacerlo otra vez?
Omar Muñoz y Ariadna Ayala han difundido fotos con Alejandro Armenta para engañar cercanía, amistad y querencia. Sin embargo, una sonrisa no acredita complicidad política, un abrazo no significa pertenencia al grupo ni perdón.
En corto, el grupo en el poder cuenta historias diferentes. “No quiere ni a Omar ni a Ariadna”. Así de simple. El objetivo no se limita a ganar elecciones, sino a impedir que los grupos opositores al armentismo se vigoricen con miras al 2030.
Cuautlancingo no sería únicamente Cuautlancingo, Atlixco no sería solamente Atlixco. Recuerde que el 80 por ciento de los alcaldes no son parte del tablero armetista, son salomonistas, nachistas y barbosistas, y que se reelijan no es algo que convenga al grupo dominante.











